Tres mitos sobre el sexo que será mejor desterrar

Aunque hoy en día hay más libertad para hablar de sexo, aún sigue siendo un tema un tanto tabú. Todavía existen algunos mitos en relación con el sexo, que mejor será desterrar para salir de tanto oscurantismo. Cuanta más información y verdad, más salud, placer y vida sexual plena se podrá tener.

Mito #1 – «La vagina se afloja si se tengo demasiadas relaciones»

No existen pruebas de que el coito pueda estirar la vagina de manera permanente. Es un mito, y bastante machista de por cierto. No importa la asiduidad con que tengas relaciones sexuales, la vagina no cambiará su forma, su tamaño ni su firmeza. Sí es cierto que se adapta al tamaño del pene durante la misma, pero luego retornará a su tamaño original.

Hace unos diez años, en la revista Human Reproduction se publicaron los resultados de un estudio en el que se habían estudiado con resonancias magnéticas las vaginas de muchas mujeres: las variaciones en este órgano vienen con el paso del tiempo y el envejecimiento, no con el uso que se le haya dado.

Mito #2 – «La eyaculación femenina no existe»

Aunque es frecuente escuchar que la eyaculación femenina no existe, muchos científicos aseguran que se trata de algo elemental, como cualquier otra función del cuerpo.

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En el conducto vaginal de la mujer se encuentran unas glándulas llamadas de Skene, ubicadas cerca de la uretra y encargadas de proporcionar placer cuando se las estimula. Estas glándulas además segregan un líquido cuyo volumen aumenta a medida que se incrementa el placer: cuando se llega al orgasmo, aparece en gran cantidad. Es la eyaculación femenina.

Mito #3 – «El himen se rompe después de la primera relación sexual»

El himen en un tejido delgado que cubre la entrada de la vagina de las mujeres desde su nacimiento, hasta su posterior ruptura. Pero lo cierto es que no siempre se rompe después del primer encuentro sexual: al ser tan delgado, puede romperse por un golpe, sea por el deporte o incluso por el sillín de la bicicleta.

No tener el himen no necesariamente significa que la joven ya haya tenido sexo. En muchas culturas, más cerradas y dogmáticas, esto puede ser más que liberador y sano.

En el transcurso de la historia, este tipo de mitos sexuales no aparecieron por azar: la religión y la moral mucho han tenido que ver en su formación. La mayoría de las veces sirvieron para dirigir la vida sexual de las personas, en especial de las mujeres.

Por ello, erradicarlos supone iniciar un camino hacia la libertad. La libertad de amar y desear sin la intervención de dogmas, miedos ni de ninguna otra cosa que no sea la propia voluntad.

Imágenes: serfemenina.net

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