Los riesgos de un “Te quiero”

Decir “te quiero” conlleva muchos riesgos. Dos palabras que se dicen rápido y que nunca hacen justicia al sentimiento real.

Hay gente que dice “te quiero” por sistema, otros que dicen “te quiero ahora” por el miedo a no cumplir con la eternidad y gente que tiene tanto miedo a esa frase que simplemente la ignoran, como si no existiese, como si no importase.

Pero querer va más allá de esas 8 letras y quien las teme, también teme el sentimiento. Por eso, decir “te quiero” es toda una aventura llena de riesgos, porque cuando lo dices nada te prepara para la respuesta que puedas recibir.  Tememos un silencio que mata, un silencio que puede ser una respuesta.  Podemos provocar una huida, un miedo hasta ahora oculto, una evaluación de la relación a la que no estábamos preparadas… Solemos pensar que lo peor que nos puede pasar es que no respondan con un “yo también” pero de entre todos los riesgos, el más difícil es la aceptación de ese sentimiento.

Cuando dices “Te quiero”  por primera vez, te mandas un mensaje a ti misma. Esas dos palabras son un mensaje dirigido a otra persona que recibes como un sopapo en la cara. Aceptas que la persona que tienes enfrente te ha agarrado por dentro, que te has hecho vulnerable a sus sentimientos, que estás perdida…. Que estás enamorada.

Si, tiemblan las piernas, asusta. Pero en este punto ya no puedes echarte atrás. Podías haberlo hecho un día antes, incluso un par de segundo antes, pero cuando el corazón te ha salido por la boca gritando “Te quiero”, ya da igual la respuesta, estás condenada.

Así que si consideramos que no podemos rebobinar el tiempo y que echar a correr es muy poco elegante, solo podemos recordar a Antonio Gala y pensar “Que el que ama, gana siempre”.

Imagen: Pinterest

Autor: Alaitz As

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