Objetivo número uno: aprender a vivir en el presente

Vivir en el presente aunque parezca una premisa aparentemente lógica es algo que olvidamos con facilidad y que solemos no llevar a la práctica en nuestro día a día. Si prestamos atención a nuestra actitud y pensamientos podremos descubrir como en infinidad de casos nuestra mirada está enfocada plenamente en el futuro.

Nuestra sociedad, en casi todos los aspectos también gira alrededor de un espacio que no ha llegado, que no existe y que es creado por lo tanto, por la imaginación, por los deseos, por las expectativas, y lo que es mucho peor, por experiencias del pasado tanto individuales como colectivas.

Estudiamos para acceder a un futuro mejor. Ahorramos para gozar de tranquilidad el día de mañana. Trabajamos duro para conseguir felicidad en algún momento de nuestro futuro y de este modo, día tras día, posponemos nuestra felicidad aguardando el momento precioso en que seamos dignos de merecerla.

Según la filosofía y las tradiciones orientales, el momento presente es el espacio de creación absoluta. Algo semejante a un campo de siembra donde el futuro florecerá en función de la atención y la calidad de las semillas que hayamos plantado en cada instante que experimentamos.

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Si nuestra cotidianidad se aleja del momento presente, nuestro futuro se siembra con proyecciones imaginarias. Posibilidades infinitas nacidas en casi todas las ocasiones de nuestra errónea forma de pensar, propia o heredada, que marcarán nuestro comportamiento, nuestros pensamientos, y nuestras relaciones presentes.

Alejados del ahora permanecemos inmóviles aguardando “algo”. Nos anclamos enfocados, atentos, a la expectativa de una realidad que no existe y que no puede ser vivida -puesto que no ha llegado-.

Restamos importancia así, a la infinidad de posibilidades que nacen en el presente para poder disfrutar de una vida positiva, feliz y que sacrificamos inconscientemente por un futuro que desconocemos por completo. Nos evadimos del espacio actual para preparar nuestro bienestar futuro, pero a medida que éste va llegando, siempre vuelve a convertirse en algo que utilizar como trampolín para otro tiempo lejano y mejor.

Nuestra mente termina asumiendo que la felicidad es algo huidizo para lo que debemos estar preparándonos, sacrificándonos, protegiéndonos continuamente para evitar posibles consecuencias negativas de nuestro momento actual.

Evadirnos del presente supone alejarnos de nosotros mismos. Descartamos instantes preciosos que nos acompañan y los cambiarmos por recuerdos, esperas, arrepentimientos y finalmente lamentos cuando el futuro no nos depara aquello que llevamos tanto tiempo esperando.

Todo aquello que dejamos de vivir, de experimentar, de disfrutar, son semillas positivas del futuro que se pierden. Aprendizajes, sensaciones, sentimientos que nos negamos a nosotros mismos y que no pueden contribuir a nuestro crecimiento y evolución.

Recuperar el “hoy“, centrarse en cada emoción, en cada lugar, en cada relación en vez de idealizar el futuro, nos ayudará a sacarle el máximo partido a cada instante.

Elegir el presente para conseguir la realización y la felicidad nos encaminará poco a poco y en el momento justo a un futuro pleno, libre y lleno de actitudes positivas que nos seguirán brindando un presente espléndido.

Imágenes:absolutnoruega.com/unacrudarealidad/

 

Autor: Anabel

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