Suplementos vitamínicos: ¿amigos o enemigos?

Las lectoras de más edad recordaréis que cuando erais niñas resultaba habitual que el doctor os recomendara un suplemento vitamínico muchas de las veces que acudíais a la consulta. Os recetaban vitaminas para reforzar vuestro sistema inmunológico en caso de infección de orina, de garganta y no hablemos ya de otros diagnósticos más graves. Era una práctica común que se observaba bajo la creencia rígida de que la vitaminas aportadas al margen de la alimentación no producían ningún efecto adverso en el organismo, ya que su exceso se excretaba por la orina.

Hoy día, a pesar de que dicha creencia se sostiene solo a nivel popular, hay quien continúa afirmando las bondades de los complejos extra de vitaminas, minerales e incluso suplementos alimenticios. Por supuesto, existen casos en los que se necesiten, aunque ya no estén incluidos en los medicamentos suministrados por la Seguridad Social. Me refiero a ancianos que viven solos y se alimentan mal, personas en riesgo de exclusión social o diagnosticada con algún tipo de enfermedad que precisa de una “muleta” concreta en forma de vitamina, sea A, B, C o D. También los pequeños con dificultades o problemas de crecimiento.

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Lo que no resulta saludable, y es lo que viene ocurriendo , es que nos autorecetemos vitaminas para todo. Si llega la primavera, para combatir el cansancio y la fatiga, lo mismo en tiempo de exámenes o si practicamos mucho deporte. Si el niño adelgaza, vitaminas. Sin embargo, de lo que debemos preocuparnos es de ingerir elementos naturales que estén presentes en una dieta sana y equilibrada, natural y variada. De las cinco famosas raciones de frutas y verduras al día, por ejemplo.

No soy partidario del alarmismo, pero os citaré algunos casos en los que parece que existe consenso entre los expertos a la hora de señalar efectos adversos del exceso de consumo de algunas vitaminas. La vitamina C, que tan poco oportunamente nos tomamos para prevenir resfriados, puede producirnos cálculos renales si su consumo se prolonga en el tiempo.

El ácido fólico, recomendado para las embarazadas con el fin de prevenir la espina bífida en los bebés, se está comenzando a tomar mucho antes, cuando la mujer empieza a madurar la posibilidad de tener un hijo. Mal hecho, ya que el ácido fólico ha comenzado a aparecer en estudios sobre enfermedades malignas aun no diagnosticadas.

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También deberíamos tomar especial atención ante la Vitamina A. -Recordad, por favor, que hablamos de exceso de ingesta y de consumo no apropiado-. Esta vitamina se convierte en una hormona en el cuerpo que regula la expresión de muchos genes responsables de nuestras defensas y de la prevención de la aparición de células cancerígenas. Los enfermos diagnosticados de cáncer de pulmón a causa del tabaco, deben de tener mucho cuidado y evitar el suplemento de vitamina A. La ingesta abusiva de vitamina A podría acelerar su enfermedad. La razón es que un pulmón con cáncer tiene un ambiente altamente oxidado. Los fumadores son deficientes mayormente en dos antioxidantes que son vitamina C y vitamina E. Los carotenoides -que pertenecen a la familia de la vitamina A- en un ambiente muy oxidado destrozan el ADN y crean nuevas células cancerígenas, contribuyendo a la expansión del cáncer.

Como digo, no soy partidario de los alarmismos, pero sí del sentido común. Podría continuar explicando otros efectos adversos, pero prefiero recomendaros hacer, una vez más, una dieta saludable.

¡Feliz semana!

 Ata PouraminiAta Pouramini es autor del libro “Tú eres tu medicina”. Es Doctor en Quiropráctica y posee  en Valencia una de las consultas más importantes del mundo . Licenciado en Ciencias  Humanas, es experto en nutrición y orientador.

 

 

 

Imágenes: guiasaludable/smartfitness/dietas

Autor: Ata Pouramini

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