Ser quienes somos: un reto difícil, pero necesario

Puede que una de las empresas más ambiciosas a las que nos enfrentemos a lo largo de nuestra vida sea la de ser quienes somos y llegar a estar a gusto con ello. Cuesta mucho ser auténtica, decía el personaje de Agrado en la película ‘Todo sobre mi madre’. Cualquiera de nosotros lo ha experimentado. Es todo un reto: ser quien eres, es decir, vivir con una razonable armonía entre lo que queremos, lo que tenemos, lo que deseamos, lo que pensamos…

Es un reto que, además, no acaba nunca. Eso tiene su parte buena y su parte mala. No acaba nunca, por lo que siempre hay un trabajo personal que hacer: un esfuerzo de crecimiento, de revisión, de desmontaje. Esto puede resultar agotador y, a veces, la frustración, el eterno tropiezo con la misma piedra, pueden llegar a dejarnos exhaustos. Aparece entonces un riesgo para nuestro bienestar, porque nos hará funcionar conforme a lo que no queremos, o a centrarnos en lo que no tenemos. Pero la parte buena de que sea un reto para toda la vida es que nunca es tarde para crecer, cambiar, evolucionar, acercarnos a esa versión mejorada que soñamos no para los demás, no acerca de los demás, sino de nosotros mismos.

La autenticidad requiere ser conscientes de la persona en la que queremos convertirnos, cuidar y proteger ese proyecto que puede actualizarse cada día, prácticamente siempre que queramos, aunque sea en una pequeña medida o, incluso, cuando nadie nos ve. Una de las herramientas fundamentales que emplearemos para ello será nuestra autoestima: valorar positivamente no la persona que soñamos con llegar convertirnos, sino la persona que ya somos, ahora mismo, aceptándola con sus miserias y también con su constelación de fantásticas cualidades.

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Sabemos que la vida no es fácil, que las relaciones no son fáciles, que antes o después acaba apareciendo el dolor, la pérdida, muchas decepciones y una dosis casi insoportable de desconcierto sobre lo que deseamos o el lugar al que nos dirigimos. Debemos contar con ello: los retos nunca son fáciles y mucho menos lo iba a ser el de evolucionar y desarrollarnos hasta estar en buena consonancia con lo que ambicionamos para nosotros mismos. Todos esos sinsabores pueden dejar la autoestima muy maltrecha, de tal forma que nos venza la envidia, la pequeñez que experimentamos cuando estamos frente a alguien a quien admiramos de una manera que no nos permite crecer ni sentirnos a gusto con lo que somos. No es fácil quererse, pero es una parte del reto a la que merece la pena prestar atención. Probablemente nuestra autoestima no nos servirá como brújula, pero va a ser un medio de transporte inmejorable para llegar a buen puerto.

Quieras o no, el viaje no lo harás sola. Rodéate de personas positivas, con quienes compartas afinidades pero, sobre todo, que te permitan crecer, acercarte a tu versión más auténtica. Personas que te recuerden quién eres, quién has sido y quién quieres ser. Escúchalas, presta atención a los procesos de crecimiento personal de la gente que te rodea, no importa si te caen bien o si no las conoces mucho. Date cuenta de que hay personas con vidas aparentemente más fáciles, bonitas o deslumbrantes que la tuya pero que nadie, absolutamente nadie, tiene una vida perfecta. Recuérdalo cuando te sientas miserable, de la misma manera que deberás recordar, en los buenos momentos, lo miserable que te llegaste a sentir. Será un buen medio para que te sientas satisfecha y agradecida contigo misma.

Date un tiempo para saber a dónde quieres llegar, para rebuscar en los cajones eso que quieres conseguir. Permite que lleguen el desconcierto, las lágrimas y también las ilusiones mientras sigues caminando con la brújula que hayas escogido y a bordo del medio de transporte que irás mejorando y reconstruyendo sobre la marcha. En todo viaje hay descansos, incidencias, hasta que vuelve a retomarse el rumbo. Puedes sentir todo eso a la vez, forma parte de tu travesía.

Sobre todo, no te dejes abrumar por lo que piensas que aún te queda por recorrer, o porque te atemorice la idea de tener un reto muy importante. Son solo árboles que no te permiten ver el bosque. En el bosque, en el viaje, lo que al final tendrá valor es que sepas que la importante eres tú, tal cual eres ahora y siempre en movimiento hacia una armonía cada vez mayor.

rafael_san_romanRafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog Psicoduelo

 

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