Que no te guste la Navidad, no es un hecho extraño

Hay pocas cosas seguras en la vida y una de ellas es que en diciembre es Navidad. Se trata de una fiesta que, oficialmente, tiene un carácter religioso y que está asociado a la llegada de una buena noticia, una noticia muy importante. Por tanto, está asociado a la alegría.

La alegría es la emoción oficial de estos días y particularmente de su momento clave, que en nuestra cultura incluye tanto la cena de Nochebuena como el día de Navidad propiamente dicho, donde lo propio es reunirse en torno a la mesa con los familiares más allegados.

Sin embargo, todos sabemos que esto es solo la etiqueta oficial, que luego tiene su materialización particular en la vida de cada uno y que esta no siempre es alegre. La Navidad, considerada como una constelación de celebraciones, puede tener su lado alegre y divertido, incluso su lado entrañable, sobre todo para los niños –si tienen la suerte de vivir en familias que se preocupan por hacerlo posible- y para aquellos adultos que, a pesar de todo, siguen disfrutándolo, estirando eternamente ese espíritu al que dieron forma de pequeños. Para otras personas, en cambio, la Navidad es motivo de nostalgia, tristeza, indiferencia o, directamente, agotamiento.

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Hay gente a la que le encanta la Navidad, personas que la disfrutan, que la viven con intensidad, sea con los niños que tienen a su alrededor, con sus docenas de primos, con la pequeña familia que han formado junto a su pareja y la mascota o bien junto a esa otra familia maravillosa que son los amigos, sobre todo cuando son gente divertida y están disponibles. No son personas raras sino de lo más normales. Al fin y al cabo, ¿qué sería de nuestros calendarios sin tres o cuatro fiestas señaladas en las que aumenta la motivación para disfrutar y aproximarse a los otros con nuestras mejores intenciones?

Por otro lado, puede que seas una de esas personas con buenos o malos recuerdos de aquellas navidades remotas de su infancia o de otras más cercanas que han vivido siendo más mayores pero que también han quedado atrás. En ambos casos es posible que hayas pasado las últimas semanas deseando marcharte a una isla llena de cocoteros con tal de ahorrarte estos días y que ahora los estés viviendo con malestar, contando los días que quedan para que toda la vorágine navideña pase y todos, poco a poco, retomemos nuestra vida normal.

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¿Este es tu caso? Tranquila: no eres un bicho raro. Digan lo que digan la televisión, las vallas publicitarias, los escaparates, el interior de las tiendas, las conversaciones de los demás. Y no eres un bicho raro no solo porque haya mucha gente, más de la que imaginas, que se siente como tú. No eres un bicho raro, sobre todo, porque es normal que el bombardeo al que se nos somete y del que todos participamos, mezcla de consumismo, sonrisas, compromisos y comida te agobie, te abrume, te resulte excesivo. ¿Cómo no te va a incomodar si quizás no va con tu carácter, no tienes gente con quien compartirlo o en este momento de tu vida no te sientes con ánimos para participar de tanta festividad?

Si eres de las súper fanáticas de la Navidad no necesitas los consejos de nadie. Diviértete cuanto puedas, disfruta de estos días como mejor te parezca y contagia tu alegría allá donde vayas. Si, en cambio, estas fechas te cuestan o, incluso, si te resultan molestas o dolorosas párate a pensar algunas cosas.

La primera de ellas –no importa que lo repitamos- es que no eres rara. No es obligatorio ser feliz y tampoco es fácil divertirse tanto como lo hace la gente que sale en la televisión. Recuerda que estas fechas pasarán, como pasa todo. Sí, llegarán otra vez, pero para eso queda todavía un año y las cosas pueden haber cambiado mucho. No pienses que te quedan por delante quince días interminables de tortura, céntrate en el día a día y verás cómo se pasan más rápido.

No es obligatorio que participes del espíritu navideño pero sí es importante que cuides de ti. ¿Qué podrías hacer para que estos días fueran más fáciles? ¿Con qué personas te sientes más a gusto y crees que pueden apoyarte, si es que estos días se hacen demasiado difíciles? Llámalas, seguro que estarán encantadas de acompañarte y alegrarte durante un rato.

Diseña tu propia Navidad alternativa. Una que no consista en comprar regalos, atiborrarse de comida, cenar con gente que no te cae bien o escuchar villancicos allá donde vayas. Quizá tu Navidad está llena de tardes en el cine, de paseos matutinos por sitios sin adornos, libros, excursiones para aprovechar los días de fiesta… Hazlo a tu manera, una que te siente bien a ti.

Imágenes: Pinterest

 

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