Qué es el estado de shock

Por desgracia y debido al llamado “Juicio de la Manada” estamos escuchando casi a diario hablar del estado de shock.

Este término, por otro lado, se ha instalado ya dentro del lenguaje coloquial y lo usamos a menudo, no siempre adecuadamente.

Estar en estado de shock es una reacción aguda que experimenta la persona que vive situaciones estresantes o que procesa otras de carácter traumático. Es una manera psicológica de enfrentarse a ciertos hechos, ante los que se puede ser protagonista o testigo. Se puede sufrir una agresión que nos impacte profundamente o ser testigo de una agresión y quedar seriamente afectados por ello.

Las manifestaciones más características son paralización, sintomatología ansiosa, irritabilidad y agresividad. Cuando la sintomatología comienza a transformarse en recuerdos, sueños angustiosos, así como a presentar síntomas disociativos después de tres días de haber experimentado el trauma se llama “Trastorno de Estrés Agudo”. Si la sintomatología persiste, al mes pasa a lo que se conoce como “Trastorno de Estrés Postraumático”.

 

 

En el caso de la polémica sentencia de “La Manada”, los síntomas de paralización y sintomatología ansiosa coincidirían con los de la víctima y así lo ha alegado la defensa para explicar la falta de reacción ante una situación de violencia y humillación a la que fue sometida. No se trataría entonces de no mostrar resistencia para no verse dañada, sino que el miedo le impediría procesar adecuadamente las circunstancias del entorno , lo que conduciría a la paralización propia del estado de shock.

A veces nos sorprenden actitudes de personas y las consideramos inexplicables. Por ejemplo, cuando vemos que alguien no presta auxilio en un accidente de tráfico o durante una agresión. Puede ocurrir no que no quieran ayudar, sino que se encuentren en estado de shock.

Peor es incluso si la persona afectada no lo exterioriza, puesto que puede derivar a medio – largo plazo en algún problema psicólogico grave.

Al contario, quienes lo se enfrentan a este tipo de situaciones saben adaptarse a ellas y consecuencias se habla de personalidades resilentes. No quiere decir este supuesto que el no se haya sufrido trauma, sino que el receptor del mismo posee ciertas variables internas que le ayudan a gestionarlo de manera saludable. Nos encontramos ante un proceso positivo, puesto que no se no precisa de ayuda clínica.

 

Pilar Conde es Directora Técnica de Clínicas Origen

 

Imágenes: Pixabay

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