Por qué nos encanta Bridget Jones o cómo aprender a fracasar

Adoramos a Bridget Jones.

Sí, en este mundo de tallas S, de influencers, youtubers y estrellas de la moda y la imagen de todo y condición, ella ha permanecido a lo largo de sus tres libros y sus correspondientes películas.

 

 

Para quienes no la conocéis, ella es una treintañera entrada en carnes que vive sola en su apartamento de Londres, acumulando fracasos profesionales y personales. Es la gordita con amigos disfuncionales que come helados frente al televisor y con la que tanto nos identificamos, gordas, delgadas, jóvenes y no tanto .

¿El motivo? La empatía por quien fracasa, por el imperfecto, por el perdedor, que es común en el ser humano.

Pero, además, Bridget tiene varios elementos que merece la pena analizar. Es una looser de película, pero no es una persona triste, amargada, es una mujer arrastrada por las circunstancias, las mismas que, finalmente, la arrojan a los brazos de su Mr Darcy, el príncipe azul, el abogado noble, nada menos que un joven apuesto y prometedor Colin Firth. Un Mr Darcy que, en realidad no es más que un trasunto del Mr Darcy de Orgullo y Prejuicio, la gran novela de Jane Austen.

El destino es amable con la cándida Bridget Jones. Claro, es una película romántica con todos los ingredientes. Puede suceder, pero, no en demasiados casos, por ser realistas.

 

 

Lo que se impone, si los acontecimientos no son favorables es blindar nuestra autoestima, aprender a fracasar. No suena muy prometedor, pero puede ser un camino hacia el éxito, en este caso, forjado por nosotras mismas.

¿Cómo se aprende a fracasar?

Lo primero es trabajar nuestras expectativas. Si esperamos estar siempre en la cima, nuestras posibilidades de triunfo serán muy escasas. No obstante , todos podemos aprender a gestionar el fracaso con ayuda de las siguientes herramientas, si tenemos habilidades asertivas (poder expresar nuestros deseos sin herir al otro) y las tres siguientes capacidades:

  • Capacidad de tomar decisiones
  • Capacidad de regular las emociones
  • Capacidad de regular nuestros pensamientos

Estas tres capacidades se pueden trabajar con ayuda de un terapeuta o un coach con el fin de transformar esa sensación de pérdida en un aprendizaje para el futuro. Para ello necesitamos:

  1. Ser consciente que las emociones que se sienten están asociadas a la percepción del fracaso.
  2. Aceptar que esas emociones cumplen una función en la vida.
  3. Tomar conciencia de cómo se está produciendo un diálogo interno negativo de culpabilización y a dónde conduce.
  4. Aprender a modificar esos mensajes negativos, derrotistas y transformarlos en por pensamientos racionales, cómo por ejemplo: “ esta vez no lo he conseguido, voy a ver que puedo mejorar, con que cuento para afrontarlo de otra manera”. “No me ha salido como quería, y eso me duele, pero que puedo aprender de esto, cómo me puede ayudar mi experiencia en futuros pasos.”
  5. Elaborar en plan de acción para continuar. Hay que avanzar sin regodearse en lo ocurrido.

Por último, recuerda que es necesario también reflexionar acerca de que nuestro bienestar no sólo depende del éxito material, profesional o social. Lo contrario puede llevar también al fracaso, pero de otro tipo, el de las personas que una vez alcanzado un estatus social se sienten vacíos porque han descuidado otra parcela de la vida, han obviado otros valores.

¿Os imagináis a una Bridget Jones deprimida porque se da ha dado cuenta de que lo que su boda, maternidad y éxito profesional no era lo que realmente quería? Puede pasar.

 

Pilar Conde es directora técnica de Clínicas Origen

Imágenes: Pinterest

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