¿Te has convertido en una mujer multitasking?

Has tenido un día terrorífico y tienes la sensación de que lo único que has hecho desde que te has levantado es correr, correr y correr. Hacer, pensar, preparar, planificar, ocuparte de esto, de eso, de aquello, volver a correr y aguantar chaparrones. Tus días están llenos de una actividad frenética que te deja exhausta.

A veces también te gratifica, pero no logras deshacerte de la incómoda sensación de no tener ni un respiro, de que aún tienes una lista de compromisos por atender y que ninguna cuadrilla de duendes sacará el trabajo por ti mientras duermes.

Has oído en todas partes que el éxito, el logro personal, exige un duro y constante esfuerzo. Y la única manera que has encontrado hasta ahora de darle forma a ese esfuerzo ha sido llenando de acción un vacío. El silencio que escuchas cuando te sientas en el sofá de tu casa te da miedo, porque no es un silencio completo: la voz de tu esfuerzo se empeña en recordarte que no deberías estar ahí sentada, que seguro que hay algo más que podrías estar haciendo para aprovechar el tiempo. 

multitaking

 

 

Llenar vacíos de tu tiempo, es una estrategia tan buena como cualquier otra para lograr lo que nos proponemos. El desafío está en saber controlar el agobio para no llegar a ahogarnos.

 

Hay dos extremos: desde la inactividad, la vagancia, la pereza y la inoperancia hasta el frenesí activista que te hace no necesitar ir al gimnasio porque tu día a día ya es un auténtico maratón. Cuando te instalas en ellos, ninguno de los dos polos es bueno para tu salud física ni tu bienestar psicológico, aunque lo parezcan.

Tomarte un descanso no es lo mismo que ser una descuidada, perezosa, poco resolutiva y que, en el fondo, se siente culpable porque sabe que está desatendiendo un montón de cosas que legítimamente la reclaman. Tampoco confundas el llenar tu tiempo de ocupaciones con tener una vida plena: lo que está lleno hasta reventar es tu agenda, no tu estado de ánimo.

Flexible business woman talk by phone

En medio de los dos extremos está la virtud que buscamos en tantas cosas, el punto medio -o equilibrio-. Es fácil salirse del punto medio: no somos estatuas ni funcionamos con botones. Nos parecemos más bien a la rueda con la que se sintoniza un transistor: hay que ir girando y luego ajustando levemente hasta encontrar la emisora y oírla razonablemente bien.

Nuestro punto medio es dinámico y necesita que lo busquemos, lo sintonicemos y cuidemos de él periódicamente afinando el oído, para realizar ajustes cuando parece que las ondas se han movido de donde estaban y todo empieza a chirriar.

Te sugiero que revises algunas cosas: échale un vistazo a tu cama, a tu sofá, a tus plantas o a los rincones de tu casa que más te gusten y déjate sentir con honestidad cuánto los echas de menos. Quizá es el momento de cuidar de ti misma y de tu parcela en sentido amplio – tus aficiones, tu gente, tu descanso, tus gustos – en vez de lamentarte otra vez por la cantidad obscena de días que hace que no pisas el gimnasio o que no llamas por teléfono esas personas a las que debes una llamada.

Si eres una mujer que corre seguro que eres muy organizada y flexible, incluso contorsionista. Emplea esas tres cualidades que has desarrollado hasta agotarte -la resistencia, la planificación y la flexibilidad- para darle un nuevo brío a tu orden del día y sintonizarlo un poco más a tu favor. Sabes hacerlo: es cuestión de recolocar las piezas y sintonizar un ritmo más razonable.

rafael_san_roman

Rafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog Psicoduelo

 

 

 

 

Imágenes: orimami/jotaj/bienestaralud180

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