Me siento guap@, me siento bien. La importancia de la imagen personal en la autoestima

El “no tengo nada que ponerme” y la necesidad constante de estrenar pueden ser indicios de un problema de inseguridad, según la psicóloga de Clínicas Origen, Pilar Conde.

La última excentricidad relativa a la imagen personal llega de las clínicas americanas de cirugía estética, donde algunos pacientes piden parecerse a sus fotos con filtros de snapchatAnécdota, moda pasajera o tendencia, parece claro que existe una disociación importante entre la realidad y el deseo en lo que al físico se refiere.

La preocupación excesiva por cómo nos vemos y por como nos ven los demás se ha multiplicado exponencialmente en la última década por los miles y hasta millones de ojos potenciales que observan a través de las redes sociales.

 

 

¿Qué ocurre cuando ante tanta exposición no nos sentimos bien frente al espejo?

Para la psicóloga Pilar Conde, entran aquí en juego varios factores, el de deseabilidad social, la necesidad de reconocimiento y el miedo al rechazo. Los tres elementos nos llevan al concepto de merma da autoestima, una de las claves en la que se basa la felicidad personal.

Por supuesto, aclara la experta,  la autoestima no sólo se conforma en relación a como nos percibimos a nivel físico, sino también en diferentes ámbitos: el académico/laboral, el social, el familia y el de pareja, entre otros.

Sin embargo, para aquellos que den prioridad a la imagen sobre el resto de niveles, “el impacto de no sentirse bien con su apariencia externa será muy elevado”.

Cuando esta preocupación por lo físico se manifiesta de forma excesiva, produciendo ansiedad, estrés, con verbalizaciones y comportamientos constantes dirigidos a modificar el aspecto se habla de trastorno dismorfofóbico.

En este caso, la persona afectada deberá ponerse en manos de un profesional que, en primer lugar, le haga entender qué le está generando tanto malestar. En un segundo estadio, cuenta la directora técnica de Clínicas Origen, psicólogo y cliente trabajarán en las creencias que le están limitando.

La dismorfofobia es un posible desenlace extremo de un camino de inseguridades que se van consolidando como creencias. Sin embargo, pueden darse una serie de comportamientos que nos vayan dejando indicios de que algo no va bien y que no desemboquen necesariamente en un problema de tal severidad.

Si el clásico “No tengo que ponerme” ante la puerta abierta de un armario lleno de prendas, explica la directora técnica de Clínicas Origen, se expresa desde el malestar, la angustia o ansiedad, nos encontraríamos ante un problema de inseguridad.

No sería tampoco frivolidad o capricho la necesidad constante de estrenar ropa, accesorios o cualquier elemento que refuerce nuestra imagen personal, si el no poder hacerlo impacta en nuestro bienestar : “Si la persona se exige estrenar como indicativo de éxito, o de querer demostrar algo a sí misma o a los demás, y el no estrenar le impacta con ansiedad o inseguridad, ahí si que puede ser un indicador de un problema de inseguridad”.

 

 

Es en la adolescencia, una fase vital del crecimiento, cuando la autoestima es clave, según Conde, para nuestro desarrollo personal.

En estos años, los cambios físicos, a veces acompañados de pequeños complejos y vergüenzas, pueden menoscabar la seguridad conseguida en la primera infancia. Por eso, advierte, debemos vigilar, en caso de tener menores de estas edades a nuestro cargo, comportamientos como los que aquí se especifican.

  • Cuando se observe que duda de sus capacidades.
  • Cuando se le refuerza alguna capacidad personal pero la niega, no dando valor a lo que ha hecho.
  • Cuando se pone determinada ropa que le gusta, pero siente vergüenza al llevarla.
  • Cuando muestre críticas hacia sí mismo/a.
  • Cuando transmite preocupación excesiva por si alguien se va a meter con ella, por cómo vaya.

La psicóloga de Origen considera que es necesario controlar estos comportamientos y, además, como padres, profesores y tutores resalta la  importancia de que los niños vean en nuestra mirada y nuestras verbalizaciones y acciones, aceptación y respeto, en todas las esferas de su vida. 

Eso no significa que no les orientemos, o les digamos cuando hay algo a mejorar, advierte, pero desde la aceptación y no desde la crítica. “Así construirán una base de autoestima basada en todas las áreas de vida, llevándose a sentirse capaces y  valorarse en dichas áreas.”

Tanto para ellos como para los adultos, Conde considera que el coaching es una herramienta actual, moderna y que ofrece buenos resultados.

Les acompaña en su proceso de descubrimiento, lo que facilita la instauración y el mantenimiento de una buena autoestima.

 

Pilar Conde es directora técnica de Clínicas Origen.

Imágenes: Pinterest

Autor: Alba Gatell

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