¿Sueles tener sentimientos de culpa?

Los sentimientos de culpa son algo que todas hemos experimentado en diversas circunstancias y momentos de nuestra vida. Es uno de los pensamientos más tóxicos, que como en muchas otras ocasiones, surge de un patrón erróneo de pensamiento que nos envuelve inhibiendo nuestra capacidad de dirigir nuestra propia vida, al estado armónico natural de la existencia.

La culpa autoimpuesta casi siempre por un juicio parcial de los acontecimientos, carente de objetividad y maximizada por la desazón de la emoción perturbadora que se adueña de cada rincón de nuestro cuerpo, nos empuja a adquirir el rol de víctima o verdugo. Ese rol carente de visión y de recursos drena y lapida nuestra capacidad de relación con la situación y con nosotras mismas, sumergiéndonos en un estado de malestar que se va extendiendo creando un concepto negativo sobre nuestra propia valía y nuestras capacidades.

culpaEsas reglas mentales que asumimos, se gravan en nuestro cerebro y asumen el control de nuestra actitud, de nuestras emociones, de nuestras relaciones y nos vinculan de forma errónea con personas y acontecimientos. Llenamos nuestra experiencia de culpables e inocentes, víctimas y verdugos, y esa falsa realidad asfixia la propia capacidad de solventar, resolver u afrontar cualquier circunstancia predispuesta por esa forma mental. La vida se convierte en un sacrificio continuo y frustrante en el que nos dedicamos una y otra vez a  asumir culpas de cualquier tipo, propias y ajenas.

Ese tipo de pensamiento que termina contagiando e intoxicando nuestras emociones nos limita llenándonos de privaciones y de la incapacidad de tomar las riendas de nuestra propia vida. Es la sensación más limitante en el camino hacia la realización de nuestros propios sueños. Desde el instante en que ante cualquier dificultad nos auto convencemos que no tenemos capacidad para sacar adelante nuestros anhelos u objetivos, nace en nosotros el juicio que nos declara inmediatamente culpables. Ese juicio implacable nos priva del estímulo y la pasión necesaria para alcanzar con éxito nuestras metas, convirtiéndonos en víctimas de nuestra propia forma de pensar.

culpa

Cuando permitimos y asumimos que esa “realidad mental” dirige nuestros sueños, el camino hacia ellos se convierte en una vía de desgaste, llena de justificaciones, de desencanto, de excusas basadas en que somos merecedores del fracaso ya que previamente hemos asumido nuestra culpa. Liberarnos, soltar, objetivizar ese sinfín de absurdas limitaciones que hemos ido sumando como una carga a nuestro equilibrio y capacidad, nos ayudará a recobrar el estado de libertad, la ligereza mental y emocional, con la que dirigirnos con ventaja y aprovechando al máximo todas las oportunidades hacia el éxito.

Imágenes: Pinterest

Autor: Anabel

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