¿Qué tipo de líder de ti misma eres?

Se ha escrito mucho sobre estilos de liderazgo femenino y el no-tan-nuevo poder emergente que ejercen las mujeres. Las maneras de administrar el poder, los patrones que se siguen a la hora de dirigir, no han dejado de despertar curiosidad en los últimos años. Es más que erótica del poder: el poder nos atrae, sí, pero más que atraernos nos fascina, queremos conocerlo porque, en el fondo, queremos ejercerlo.

No añadiremos nada sobre este asunto. Si te interesan los estilos de liderazgo y la forma de ser de las mujeres más poderosas del planeta dispones de literatura abundante al respecto en otros foros. 

Sin embargo, es importante que rescatemos un detalle. Siempre que se habla de este tema se alude a la personalidad de estas mujeres, un importante concepto psicológico que se ha ido inmiscuyendo en el mundo de los negocios, la política, la sociología… Detrás de las dotes de mando de esas mujeres poderosas hay una personalidad llevando la batuta: la personalidad de la líder. Lo rescato porque para hablar de esto no hace falta que vayamos hasta ellas: esas mujeres no son las únicas que tienen personalidad, no son las únicas que ejercen un liderazgo y no son las únicas que ejercen poder.

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Todos los seres humanos tenemos nuestra personalidad, todos podemos vernos en el papel de liderar algo en mayor o menos medida -aunque no salgamos en los medios de comunicación- y todos debemos ser conscientes de que tenemos poder sobre nuestras vidas. Esto es lo que debemos rescatar. Liderarnos a nosotros mismos.

Puede sonar algo frío, pero las metáforas suelen ayudar. Imaginemos que nuestra vida es una empresa, un gobierno, un proyecto que dirigir. Nosotros somos nuestra propia causa. Puedes pensar: “mi vida, yo misma, soy mi causa, aquello por lo que peleo, aquello que voy a regar cada día, aquello cuyo timón voy a ir manejando según venga el oleaje”.

¿Qué tipo de líder de ti misma eres? ¿Con qué talante diriges tu vida, tu causa? Dicho de otra manera: ¿cómo te tratas a ti misma, cómo te das órdenes, cómo te das instrucciones y con qué objetivo? Para responder a estas preguntas es necesario que reflexiones primero sobre tus valores: lo que más te importa, lo que consideras más valioso en tu existencia. En tu día a día, lo que haces puede acercarte a tus valores o alejarte de ellos.

La mala noticia es que cuando te alejas, estás liderando tu vida de una manera bastante pobre. La buena noticia es que siempre puedes pararte, clarificar, rediseñar tu estrategia como haría cualquier alta directiva y virar el timón: la dirección de tu éxito es hacia allá, hacia donde apuntan tus valores.

Por cierto, cuando hablo de éxito no hablo de conseguir un ascenso, ganar mucho dinero u obtener un premio. Hablo de encontrarse bien, de estar contenta, en paz, cómoda en tu propia piel, con un razonable sentido de coherencia entre esas distintas facetas de tu vida que a veces cuesta poner de acuerdo. Eso es éxito. Lo demás es un añadido.

Evidentemente, para realizar tu labor, para liderar la empresa de tu vida, vas a necesitar recursos externos: ¡no eres una isla flotando en el vacío! Pero también tienes que contar con lo que llevas dentro. Además de tus valores, presta atención a tu historia: tienes todo un fichero repleto de aprendizajes que han forjado a la líder de tu propia vida que eres hoy en día. No importa si eres una líder mejorable, todos estamos siempre en proceso de crecer.

Presta atención también a tu grado de seguridad en ti misma, es decir, a cuánto confías en tus capacidades para conducir tu barco. ¿No sabes cuán segura de ti misma te sientes, cuánto confías en tus capacidades? Pista: observa a la gente de tu alrededor, a la otra gente de tu vida, con la que te mueves habitualmente y la que va entrando y saliendo del escenario. ¿Sueles confiar en los demás o eres, más bien, desconfiada y suspicaz?

No te confundas pensando que no confías en nadie porque solo te fías de ti misma: quien no es capaz de confiar en las capacidades ajenas es porque tampoco está muy a gusto con las propias. El liderazgo es dirigir y mandar, sí, pero también ser grupo, delegar y hacer que los otros crezcan. Esto ya lo saben en las empresas, ahora aplícalo tú a la familia, a los amigos, a tus actividades cotidianas y tus intereses. Todas esas facetas necesitan que tú las lideres.

Piensa en ello cuando estés al timón, cuando presidas la mesa de reuniones de tu vida. No hagas que la travesía de puerto en puerto sea una lucha permanente y solitaria contra la tormenta. Tú estás al mando y sabes manejarlo. Puedes hacerlo.


rafael_san_romanRafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog Psicoduelo

 

 

 

 

Imágenes: vidamujer/eltipografo

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