Liberar tensión y estrés: ¿necesitas un desahogo?

¿Te notas tensa, incómoda, a disgusto y en lugar de gritar o después de hacerlo…Llorarías? Muchas veces nos pasa que vamos acumulando tensiones de diferente tipo y no nos damos cuenta. A veces es muy evidente y nos lo notamos en seguida: fatiga, dolor de cabeza, irritabilidad… Las señales son inequívocas y nos dicen que el día está siendo demasiado para nosotros. Otras, en cambio, estamos ya tan habituados a nuestras sensaciones de sobrecarga o tenemos tan instalada la tendencia a seguir haciendo más y más que no nos damos cuenta de que nos estamos pasando.

No hemos sabido poner un límite y, aunque nos parezca que estamos contentos o, incluso tranquilos, lo cierto es que estamos poniendo sobre nuestros hombros más tensión de la que podemos cargar. Vivimos en la inercia de querer llegar a todo, de la que ya hemos hablado en otras ocasiones.

Y de repente llega un día, un día normal, con la misma carga de siempre o sin ninguna tarea por delante, en el que notamos una sensación de incomodidad tremenda con la que ya no podemos. Hemos dormido mal, estamos despistados, notamos tensión en el pecho -aún no nos hemos dado cuenta de que esa tensión es ansiedad- y, conforme van pasando las horas y esa sensación de inquietud no nos abandona, vamos dándonos cuenta de que nos vienen unas tremendas ganas de llorar.

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Hay días que estamos más blandos, o días en que nuestra mente no puede dar más de sí por muy sencillo que sea lo que se nos pide. Querríamos huir a nuestro rincón secreto, desaparecer bajo la cama, salir corriendo… Podemos llamarlo estrés, porque probablemente se trate de eso. También podemos tomárnoslo con naturalidad, porque los días “tontos” forman parte natural de la gente normal y, a no ser que se prolonguen más de la cuenta, tampoco hace falta preocuparse.

El llanto, cuando es emocional y no porque se nos mete algo en el ojo o por pelar una cebolla, siempre es un mecanismo de nuestro cuerpo para liberar tensión. Por eso nos pasa que sentimos ganas de llorar cuando estamos muy agobiados y llegamos a nuestro tope. Conviene que esa tensión, de un modo u otro, salga de nuestro cuerpo para no intoxicarnos y el llanto es una manera tan buena como cualquier otra para conseguirlo.

Las personas con suerte pueden resolverlo con una buena llantina y quedarse descansadas. Otras personas no pueden. A veces ciertas formas de desahogo no son adecuadas por la situación, por la gente con la que estamos o porque en ese momento no nos sale aunque sintamos que nos vendría genial. No pasa nada, nadie nos ha dado una barita mágica para relajarnos de la manera oportuna en cada momento.

Cuando necesites desahogarte de alguna manera porque la vida en este momento te está desbordando pero no puedes hacerlo ahora, toma nota y resérvate un lugar en tu “agenda de cosas sobre ti misma que necesariamente tienes que atender”. Probablemente encuentres el momento más tarde. Si no, prueba a hacer algo de deporte o dar un paseo. El movimiento te servirá para liberar tensión y te ventilará por dentro y por fuera. De vez en cuando es necesario que nos dé el aire e incluso el viento.

Apunta también que tienes que descansar. La sobrecarga, por definición, indica que te has pasado. Una ducha reparadora, una comida que te guste y, sobre todo, un buen sueño van a aliviarte más de lo que te imaginas. ¿No te pasa que, al cocinar algo, lo encuentras francamente mejorable pero no sabes qué has hecho mal? Muy a menudo es tan sencillo como echarle un poquito más de sal o dejar que repose cinco minutos más. Con tu cansancio pasa lo mismo: no te compliques, acuérdate de lo benéfico que puede ser simplemente un rato de reposo en silencio.

Por último, date cuenta de si la sobrecarga te pasa a menudo o si es un hecho puntual. Recuerda lo que hemos dicho al principio: muchas veces vamos tan deprisa que no nos damos cuenta de que estamos forzando hasta que es demasiado tarde. Afloja el ritmo, el día es muy largo, seguro que la mayoría de asuntos que tienes que atender pueden esperar cinco o diez minutos más.

En la vida hay que ser rápidos y eficientes y no hay nada de malo en ello. Pero hay muchas maneras de conseguirlo y lo más importante siempre va a ser que cuides de ti misma.


rafael_san_romanRafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog 
Psicoduelo

 

 

 

 

Imágenes: Pinterest

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