Ley de la Atracción: ‘te conviertes en lo que piensas’

Hace un tiempo, la ley de la atracción se convirtió en un bombazo que se coló en la mayoría de los hogares despertando el interés sobre la ciencia cuántica, todo gracias al libro ‘El Secreto’. Este libro se convirtió en un manual de cabecera para muchísima gente y la red se llenó de textos y videos con fórmulas que trataban de explicar, desarrollar y activar la mágica idea de la ley de la atracción universal.

Esta idea de un universo de gigantesca energia magnética a la que pertenecen por similitud vibracional las personas o, mejor dicho, los pensamientos y el mundo mental de todos los individuos, no nace en los movimientos recientes de estudios cuánticos si no que ya era expresada por el mundo antiguo en diferentes tratados teosóficos. La teosofía hindú, por ejemplo, habla ya en muchos de sus textos sobre esta gran ley universal que rige nuestra galaxia: incluso el Nuevo Testamento se hace eco sutilmente de la posibilidad de que los pensamientos, entrenados y enfocados, tengan el poder de transformar y manifestar una realidad concreta.

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Si tenemos en cuenta que la psicología moderna está demostrando la poderosa influencia que los procesos mentales tienen sobre la salud física y psíquica, siendo capaces de influir en la personalidad y el organismo de las personas, la ley de la atracción se enmarca, en la creciente oleada de descubrimientos que sitúan a las personas como poderosas unidades de energía. La ley de la atracción afirma que ‘te conviertes en lo que piensas’. Reconociendo que nuestro cerebro es un gran transmisor de frecuencias y ondas eléctricas, que está en una continua creación de ideas y pensamientos, esta teoría antigua afirma que cada onda o vibración emitida atrae a la manifestación una energía similar.  

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Hay que tener en cuenta cuatro pasos fundamentales: la visualización correcta y continuada del pensamiento que se quiere atraer, sosteniéndolo en el momento presente. Y que esté libre de las interferencias de otras ideas subconscientes, es el primer paso fundamental para intentar aplicar esta ley magnética en nuestra vida.

El segundo paso, es sumarle un sentimiento que represente una interpretación de los efectos que tendría atraer esa idea a nuestra realidad. Imaginar y reproducir un ‘sensación’ que sumada a la energía mental se convierta en un gran imán. El tercer paso y principal es no albergar ninguna duda de que esa idea o pensamiento ha sido emitida y que tendrá una respuesta o un efecto determinado sobre Nosotras.

Y el cuarto paso es mantener una disposición de gratitud, donde pensamientos tóxicos como ‘el no lo merezco’, ‘no es justo’, desaparezcan y sean substituidos por una alta autoestima, que propicie una respuesta relajada, tranquila y confiada. Si lo hacemos así, podremos llegar al éxito y a la consecución de todas nuestras metas y deseos.

Imágenes: Corbis, Pinterest

Autor: Anabel

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