La importancia del sodio en tu cuerpo

La sal es fundamental para que el organismo funcione adecuadamente. Si bien es aconsejable tomarla con moderación, sobre todo, en los casos de hipertensión o de retención de líquidos, situaciones estas últimas en las que hay que seguir las indicaciones médicas. Pero si no existen problemas o circunstancias de la salud que aconsejen lo contrario, se puede disfrutar sin miedo de alimentos con sodio y de todos sus beneficios para el cuerpo.

La sal o sodio es clave para el organismo. De hecho, está considerada como el segundo elemento bioquímico que es más importante para el organismo por las funciones que desempeña y entre las que figuran la de controlar el paso de fluidos entre las células, aparte de contribuir a regular el equilibrio hídrico del organismo y controlar el proceso digestivo.

Pero aún hay más beneficios de consumir sal, puesto que el sodio también realiza otra importante función: la de conducir los impulsos nerviosos, siendo clave igualmente en las contracciones musculares y en los vasos sanguíneos.

Y eso no es todo puesto que el sodio también ayuda a mantener flexibles las articulaciones y a la absorción de los nutrientes por parte de las células de los alimentos que se ingieren, aparte de formar parte de las glándulas secretoras del organismo.

Un conjunto de motivos por el que es muy importante tomar sodio o sal diariamente, pero en la cantidad adecuada, siendo lo recomendable unos 4,5 gramos en total dentro de los que hay que tener en cuenta las cantidades que aportan ya los alimentos que se van a ingerir para no añadir más sal de la necesaria.

Dentro de los alimentos que son más ricos en sal y de los que no hay que abusar se hallan por ejemplo los cubitos o preparados para hacer sopas, los pescados en conserva, las aceitunas, embutidos, quesos, verduras en conserva, el plan blanco, las patatas fritas o chips o las palomitas de maíz, además de los frutos secos a los que se les haya añadido sal.

Menor cantidad de sal, situándose en un término medio, figuran los huevos, las verduras, los pescados blancos, las carnes, la leche y el yogur o las frutas secas, mientras que tienen una menor presencia de sodio, pudiéndose ingerir de forma más habitual, todas las frutas, frutos secos naturales, el arroz, el agua mineral baja en sodio o las mermeladas y jaleas, entre otros.

Unos alimentos que deben tenerse en cuenta para calcular la cantidad de sal, ya que tanto un exceso como una carencia de sodio en el organismo son contraproducentes y pueden llegar a generar malestar y problemas de salud.

Por ejemplo, en el caso de que haya un exceso de sodio o sal en la sangre, la persona puede sentir diferentes síntomas como mareos al levantarse o al cambiar de posición, además de sudar excesivamente, tener fiebre alta, vomitar o presentar un cuadro de diarrea.

En las situaciones en las que produzca un déficit de sodio o sal sea baja, también hay algunos efectos en el organismo que se traducen en síntomas como cefaleas, debilidad, contracturas musculares, diarrea y vómitos, aparte de sentirse apático.

Autor: Eva Sereno

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