Hacer la mudanza: aprovecha para la limpieza material y emocional

El verano es un tiempo propicio a los cambios de casa y hacer la mudanza. Muchos estudiantes aprovechan para trasladarse y por las calles empiezan a verse jóvenes transportando sofás destartalados de un piso a otro, o alguna lámpara de quinta mano. Lo mismo hacen tantas y tantas personas en todas las ciudades. Con el verano llega la hora punta de los intercambios domiciliarios.

Algunos profesionales consideran que hacer una mudanza está entre los acontecimientos más estresantes que una persona puede vivir a lo largo de su vida. Recordemos que estresante es aquello que nos abruma y nos obliga a responder por encima de nuestros recursos. Aviso especial a las parejas: yo diría que, después de la llegada de un bebé al hogar, afrontar un cambio de casa es la mayor prueba de fuego para una convivencia armoniosa. Además, todos hemos oído esas canciones que hablan de las mudanzas que hacen los miembros de una pareja cuando rompen y tienen que abandonar el hogar. Al estrés de la ruptura se añade el del traslado.

Revisión, reparto, nidos que se vacían. Las mudanzas son auténticos festivales del apego y del desapego que pueden hacerse muy duros o resultar intensamente catárticos. Te sumergen en el túnel del tiempo y te sorprendes a ti mismo rodeado de una colección de reliquias, algunas de ellas completamente olvidadas, cuyo destino has de gestionar.

mudanza

 

Ropa

Por muy austera que seas, si encima eres de las que cuida mucho las cosas vas a encontrarte un montón de ropa que ocupa muchísimo espacio y pesa muchísimo, lo que notarás en cuanto empieces a llenar maletas que no podrás levantar tú sola. Sé honesta contigo misma y márcate un límite: todo aquello que no te has puesto en el último año y medio es muy probable que no te lo vayas a poner nunca más. Reconócelo y deja que toda esa ropa siga su camino. Puedes regalar algunas prendas a alguien que quiera reutilizarlas o donarla a asociaciones benéficas. Puede que tengas alguna amiga apañada que sepa convertir blusas viejas en fundas nuevas de cojín, o quizá conoces a alguien que colabora con mercadillos de segunda mano en los que puedes poner un puesto de fin de semana y sacarte un dinerito. Nunca sabes quién se va a enamorar de aquello que ya no te pones.

Papeles

Si descubres que tienes fajos y fajos de recibos, tickets, facturas, entradas, apuntes y demás legajos carentes de valor hazte un favor y tíralo, sobre todo si tiene más de cinco años. No olvides destruir aquellos documentos en los que haya datos personales. Busca una bolsa de papel bien grande, ve echándolo todo ahí y cuando hayas acabado lo tiras en bloque al contenedor de reciclaje. Cuando te pongas a rasgar todo ese papel acabarán doliéndote los dedos pero puedes tomártelo como un ejercicio de desfogue a la vez que haces limpieza.

Trastos

Quizá no puedas deshacerse de muebles grandes pero revisa tus cajones, tus mesas, tus armarios. ¿No están llenos de cachivaches que solo se acumulan polvo, algunos de ellos escondidos porque, aunque los odias, no los has tirado por compromiso? Hazte otro favor: ¡tíralos! Quítate lastre. Regala, vende, recicla y deshazte de todo aquello que no quieras que te acompañe en la siguiente etapa. Puede que surja algo de culpabilidad, como con los papeles o la ropa. Te aseguro que al día siguiente no recordarás ni el 80% de lo que tiraste y será como si nada hubiera pasado.

Piensa que, si no tienen un valor económico o sentimental, la ropa, los papeles y los trastos se quedan solo en eso: trozos de materia que solo te quitan espacio físico y mental.

mudanza_1

Hay una regla de oro en estas situaciones: para tirar siempre hay tiempo, así que no te precipites ni entres en un delirio de desapego del que luego te puedas arrepentir. Si estás afrontando una mudanza ahora mismo es muy probable que entre el polvo y las reliquias estés experimentando muchos sentimientos contradictorios: inquietud, nostalgia, sorpresa, agradecimiento, satisfacción, tristeza… No pasa nada, tu casa no es solo donde duermes y cocinas: en tu casa está tu vida.

Permítete sentir todo eso pero no dejes que los sentimientos te embarguen hasta impedirte hacer la necesaria selección y limpieza. En las mudanzas hay otra regla de oro: acumular, aferrarte masivamente a todo ese material que te recuerda la vida que has vivido no te devolverá la vida que has vivido. Siente que tus recuerdos están en tu interior y no en las cosas. Deja espacio para que llegue lo nuevo, agradece a los objetos de tu vida pasada el tiempo que te han acompañado y, cuando hayas seleccionado lo que te seguirá sirviendo o quieres quedarte de recuerdo, deja que todo lo demás siga su camino. Igual que tú.

rafael_san_roman

Rafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog Psicoduelo

 

 

 

 

Imágenes: forwallpaper/mujeresdemiedad

Comparte esta noticia en

Escribe un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *