Entrevista a Francesc Torralba, autor de «El arte de saber estar solo»

Hoy en día por mucho que nos sintamos conectados, acompañados o agobiados entre la multitud de la gente nos podemos notar solos. Y es que ya se dice, que a veces uno, aún estando rodeando de miles de personas, puede llegar a sentirse la persona más sola del mundo. Francesc Torralba nos lo cuenta.

«La soledad es un universo. No es un estado. Es, más bien, una posibilidad, un don que ofrece la vida y del que podemos extraer grandes lecciones». Así nos lo explica Francesc Torralba, filósofo y autor del libro El arte de saber estar solo. En él se nos revelan situaciones solitarias, ganas de estar con uno mismo y el aprender a aprovechar al máximo la soledad, un concepto que habitualmente suele tomarse como algo negativo.

Sin embargo Torralba va más allá, Nosotras le hemos entrevistado para entenderlo mejor.

¿Por qué llamas arte a la capacidad de saber estar solo?
Todo arte incluye un aprendizaje. El arte de escribir, de pintar, de danzar, de hablar requieren una dura ejercitación. En el arte se conjugan tres elementos: talento, técnica y constancia. Estar solo no es fácil, porque el ser humano es, por definición, un ser social que tiende a establecer vínculos, a formar comunidades y a crear redes. Por ello, de entrada, exige una oposición a la tendencia natural, una cierta capacidad de resistir a un impulso muy arraigado a la condición humana. A pesar de ello, el ser humano, en tanto que ser reflexivo y autoconsciente, es capaz, también, de tomar distancia de los suyos, de su entorno y de su misma vida, y anhelar espacios de soledad para reencontrarse y no perderse.

Dicen la soledad es un buen lugar para visitar, pero es un mal lugar para quedarse. ¿El humano puede «engancharse» a estar solo?
Defiendo una soledad intermitente. Creo que la soledad no puede ser un estado permanente en la vida humana, pero sí un lugar que periódicamente se debe visitar por los beneficios que conlleva para uno mismo. Con todo, hay que distinguir entre la soledad buscada y la obligada. La primera es higiénica, terapéutica y liberadora, mientras que la segunda resulta difícil de sobrellevar, porque se impone como la ley de la gravedad y aunque uno desee escapar, no puede conseguirlo. Es difícil que un ser humano se enganche a la soledad. Sería posible en personas con una vida espiritual muy rica, pero extraña para el común de los mortales.

¿Cómo podemos conseguir un equilibrio «compañía-soledad» hoy en día?
Disponemos de tiempos de soledad a diario, tanto en el desplazamiento al trabajo, como en determinados momentos del ocio. No siempre los utilizamos adecuadamente y, en ocasiones, el temor a desnudarse delante de uno mismo, nos lleva a practicar la evasión, a meternos en la red con tal de escabullirse del terrible y estruendo silencio de la soledad. Aún así, cuando uno es capaz de cruzar la frontera y mirarla cara a cara, descubre un abanico de posibilidades en la soledad. Entonces, uno descubre la posibilidad de ejercer la vida reflexiva, el análisis de lo vivido, sufrido y gozado, también puede anticipar, proyectar, imaginar su futuro, a corto o a largo plazo; somete a una profunda auditoría ética sus relaciones actuales y explora sus debilidades y fortalezas. La soledad se convierte, entonces, en un verdadero estímulo para vivir más intensamente la propia vida y ser el verdadero protagonista de ella.

Tecnologías como el Iphone, Blackberry y demás junto a la moda de las redes sociales y el hecho de estar en contacto a toda hora están a la orden del día. ¿Qué piensas de ello?
Las redes son paradójicas. Por un lado, nos permiten establecer vínculos con personas muy alejadas de nuestro espacio vital, pero, por otro lado, son también una fuente de dispersión y de olvido del yo.
Internet es, ante todo, una plaza de solitarios que buscan compañía, reconocimiento, que suplican desesperadamente afecto y comprensión. El culto al número nos está matando. No se trata de tener muchos amigos en la red, sino de tener vínculos de calidad. La dispersión en la red, la saturación informativa y la permanente caza de novedades conlleva la disolución del yo, que, al final, se convierte, en un recipiente de chatarra virtual.

Steve Cole, miembro del Centro de Psiconeuroinmunología de la Universidad de California, ha publicado un nuevo estudio científico que asegura que el sentimiento de soledad impacta en los genes, baja las defensas y eleva el riesgo de sufrir enfermedades como cáncer, infartos e infecciones. ¿Qué piensas de ello?
La soledad no buscada, impuesta, exigida no es, en ningún caso, positiva. No es nada bello encontrarse solo sin querer estarlo. El sentimiento de soledad, sin embargo, es muy común en los mortales. En ocasiones, uno puede sentirse solo, a pesar de vivir en una gran ciudad, de trabajar en una gran empresa y de tener una gran familia. El sentimiento de soledad nace de las profundidades del yo y no siempre se relaciona con el número de contactos que uno tiene. He conocido personas que nunca se sienten solas, a pesar de vivir solas y he tratado personas que se sienten infinitamente solas a pesar de trabajar diariamente con grandes equipos humanos.

Siempre es mejor estar solo que mal acompañado. ¿En ocasiones también es mejor estar solo que en buena compañía?
La relación es fundamental para crecer, desarrollarse y madurar como ser humano. Somos el resultado de una relación y existimos porque fuimos cuidados cuando éramos extraordinariamente frágiles y dependientes. De todos modos, existen muchos tipos de relación. La soledad no se opone a la relación. Todo lo contrario, permite evaluar el tipo de relaciones que tenemos y el nexo de unión. En ocasiones, es una ocasión para modificar y mejorar sustantivamente nuestra red de relaciones.

¿Quien es el personaje más solitario del mundo según tu opinión? ¿Y el que debería o merecería estar solo un buen tiempo?
Es muy difícil saber quien es el personaje más solitario del mundo. Los genios del arte, de la ciencia, de la filosofía son, por lo general, seres solitarios, que no hallan interlocutores a su altura para poder compartir la profundidad de sus talentos. También el líder se halla solo, a pesar de los asesores y de la idolatría de las masas. Se sienten solos cuando tienen que decidir, solos cuando tienen que jugársela.

¿En qué momento se siente más solo Francesc Torralba?
Me siento muy solo cuando voy a correr por la mañana antes de levantarse el sol. Es un sentimiento agradable que necesito para activar el día, reflexionar sobre todo lo que tengo que hacer y cómo lo deseo hacer. Me siento solo y, a la vez, me siento conectado con todo, especialmente, con la naturaleza.

¿Y en qué momentos has deseado más estar solo?
Deseo estar solo cuando tengo que pensar en un problema o desarrollar una idea filosófica. Necesito concentrarme, tomar distancia, pasear, reflexionar sobre los elementos que deseo desarrollar. La gestación de un libro, de un ensayo, de una conferencia exige, siempre, un tiempo de soledad. Deseo estar solo, también, cuando experimento la necesidad espiritual de orar.

¿Una recomendación para todos aquellos que teman estar solos?
No hay que temer estar solo. Es una ocasión para tomar consciencia del hecho de existir, de la maravilla que supone estar en este mundo a pesar de los pesares. No hay que temerla, porque la soledad es una fuente de transparencia y sólo en la transparencia entre el ser y el obrar existe la felicidad.

Autor: Laura Casals

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