Emprender un proyecto: ¿Luchar contra la desmotivación o aprender de ella?

Cuando emprendemos voluntariamente un proyecto complejo, de la naturaleza que sea, lo habitual es que lo hagamos con una dosis fuerte de confianza, seguridad y motivación. Nos hemos metido en ello porque queremos, porque creemos en ello y porque tenemos suficiente fe en que nos va a reportar algún tipo de beneficio.

Sin embargo, tan habitual como eso o más es que aparezcan dudas -o desmotivación- en el camino. Nuestra fe en nuestro proyecto puede ser tan fuerte como para mover montañas, pero todos sabemos que no siempre es una fe infranqueable. No pasa nada, ya sabéis que los superhéroes, las superheroínas y los maestros clarividentes están en los tebeos o en lo alto de una montaña meditando, pero que en el mundo real las personas reales dudamos: desafortunadamente, nuestras certezas no siempre son a prueba de bombas.

Trabas burocráticas, obstáculos que no habíamos previsto, cancelaciones, retrasos, costes económicos excesivos, otros proyectos que se nos cruzan y nos tientan, pueden hacer que la hoguera fragorosa de nuestra motivación inicial, de esa ilusión que chisporroteaba en nuestra mirada solo de pensar en nuestro proyecto, queden reducidas por un momento a una tenue chispa que apenas alcanza para calentarnos.

¿Realmente quiero esto? ¿No me estaré metiendo en un berenjenal del que luego me arrepentiré? ¿De verdad merece la pena esperar, invertir, gastar tanto en esto? Todas ellas son preguntas que pueden pasársenos por la cabeza cuando las cosas se ponen feas y de repente nuestro ímpetu se transforma en una duda que va mordisqueándonos hasta ponernos al borde de la renuncia.

emprendedora

Desde luego, es una sensación desagradable. Sin embargo, es normal y necesario que, a lo largo del camino, aparezcan periodos, días, momentos de “valle” (más bajitos) que se intercalan con los momentos de certeza, motivación y ganas. Si no tuviéramos nunca miedo estaríamos permanentemente en riesgo de meternos en la boca del lobo. Si nunca dudáramos no tendríamos la oportunidad de cuestionar la validez de los proyectos que emprendemos cuando en realidad, no nos engañemos, algunos de ellos pueden ser auténticas locuras cuya cancelación acabamos celebrando.

La duda no solo puede ser desagradable: también es útil. Nos ayuda a darle un repaso a aquello en lo que nos hemos embarcado o aquello que ocupa nuestra mente esperando que subamos a bordo. Esto nos permite observar lo que deseamos desde otro punto de vista, hacer una pausa y reformular nuestros pasos. A continuación, el resultado puede ser que continuemos caminando hacia esa meta con mayor brío que antes o que descubramos que lo que se nos había metido entre ceja y ceja tampoco es tan importante y decidamos prudentemente dejarlo de lado, al menos durante un tiempo.

Permite que los momentos de duda lleguen y no intentes echar a patadas a esos interrogantes que cuestionan aquello que antes tenías tan claro y te desmoralizan. Date cuenta de que están ahí como una vocecilla que solo intenta impedir que te metas en líos y no los confundas con una duda pesada y densa que, en lugar de ayudarte a reformular tus planes, lo que hace es paralizarte. Una duda constructiva siempre va a ir a tu favor, la parálisis es otra cosa.

Habla con tus amigos, con gente que sepa de lo que tú aún no sabes, infórmate, busca respuestas a tus cuestionamientos. No importa si al final decides bajarte del barco que tú misma habías puesto en marcha o si le pones más gasolina al motor. Lo importante es que te encuentres algo o alguien que te recuerde por qué querías irte tres meses a aprender inglés al extranjero, o por qué pensabas montar esa tienda de productos ecológicos o por qué te había dado por sacarte el carnet de conducir a tus años. Busca aquello que te recuerde quién eres, qué quieres y que te ayude a resolver tu duda, en la dirección que sea.

De este modo, cuando continúes el viaje –o si lo dejas en este punto- lo harás más a conciencia, con más seguridad en ti misma y, por tanto, con mayores probabilidades de éxito.

Imágenes: dagad.wordpress

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