Dolores constantes. Cuando la raíz del problema está en tu mente

En muchas oportunidades las enfermedades orgánicas no se asocian a ningún problema físico; no se encuentran indicios pero el dolor está ahí.

Tal vez te ocurre que tienes gran dificultad para contactar con lo que te ocurre; para contarte que hay algo que te pasa, que sientes, que deseas, que no deseas, que temes,… Tal vez muchas veces te enfermas.

Cuando no puedes expresar sensaciones o sentimientos es tu cuerpo, tu organismo quien se ocupa de hacerlo. Ante tus silencios, tu cuerpo se transforma en el sitio donde expresar lo que tus palabras no hacen; es el cuerpo quien con su dolor hablará de tus otros dolores, de conflictos inconscientes: tristezas,preocupaciones, miedos; sentimientos de los cuales no tienes consciencia o no encuentras el modo de solucionar; o ni te atreves a ver que están ahí (por ejemplo: que alguien ha dejado de amarte; que has dejado de amar a alguien)

Algunas personas tienen tanta dificultad para contactar con lo que realmente sienten o desean que su organismo se transforma en su medio de expresión por excelencia, con el agravante de que el cuerpo por sus características y su permeabilidad para manifestar síntomas se transforma en el lugar ideal para que la angustia devenga dolor físico.

Cuando “ponerse malo” es el único modo de expresión hablamos de desconexión afectiva; emocional, hablamos de alguien que cree que le ocurre lo que le ocurre, que su malestar sólo es enfermedad orgánica con el consecuente placer que producen los beneficios secundarios de las enfermedades: más cuidado de su entorno, más atención, más satisfacción de sus pedidos; aunque lo que obtenga sea una revista, un día sin trabajar.

Allí donde una persona no habla hay un cuerpo que lo hace y dice que hay dolor. Este padecimiento físico que ocupa un lugar de alivio ocasional va llevando a la persona cada vez más lejos de si misma hasta que el dolor se torne su centro de atención y pierda todo interés por el afuera.

La vida, los encuentros, aún las decepciones son reemplazadas por las visitas a los médicos y la lectura de sintomatologías y medicaciones.

Estamos hablando de una doble confusión:
-Por un lado sufre malestares que no tienen razón (orgánica) de ser.
-Por otro lado cree que lo que las medicaciones varias curan es su dolor.

Las anginas, las jaquecas, las sinusitis, cada eczema remitirá; la tristeza no. Las medicinas y las cirugías serán quienes ocupen el lugar de la salvación personal y si esta espiral en la que la angustia se tapa con una enfermedad y la enfermedad se transforma en angustia por el dolor físico y va de médico en médico,de farmacia en farmacia y de diagnóstico en diagnóstico sin saber que lo que ocurre no está ahí donde lo ha situado, lo busca y trata de curarlo, probablemente esta persona siga buscando en el sitio incorrecto la medicina que ponga fin a una enfermedad inexistente.

Intenta un pequeño movimiento diferente… Cómo por ejemplo…

Intenta cada día decir algo acerca de ti misma; aunque sea un “no” o cualquier banalidad como “no me gusta la lluvia”.
Empieza a estar más atenta a tu cuerpo pero de un modo nuevo; diferente. Cuando duele, además de la medicina, comienza a “ver” cómo reacciona en diferentes oportunidades: cuándo tienes fiebre, cuándo erupciones, cuándo “bronquitis” y apunta qué te duele y qué te ha pasado ese día. Puedes ir empezando a notar iguales reacciones a situaciones, al menos, semejantes. Irás aprendiendo a escucharlo más que a taparlo con antibióticos o bisturíes.

Una vez que hayas hecho estos ejercicios y, medianamente, puedas darte cuenta de que hay algo que se repite; acude a un profesional que te ayude a cambiar comprimidos y consultas médicas por días de sol, por palabras, por realidad.

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Autor: Mariana Fiksler

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