Corazas emocionales: ¿Por qué deshacerte de ellas?

Es difícil identificar a partir de cuando decidimos construir sobre nosotros una coraza emocional. Los motivos pueden ser incontables, aunque probablemente todo se resuma en dolor. Más exactamente, miedo a sentir dolor, a que nos hagan daño y a que ese daño sea irreparable. Por naturaleza, los seres humanos tendemos a hacer uso de mecanismos de autodefensa para protegernos de dicho dolor. Esto es vital para nuestro desarrollo emocional pero puede convertirse en un gran problema si hacemos de estas corazas un modo de vida. Lo que quiero decir con esto, es que vivir resguardado continuamente tras una armadura nos limita a crecer emocionalmente.

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La razón por la cual es inevitable dejar de construir dichas corazas radica en el hecho de que a ningún ser humano le gusta sentirse vulnerable. Sin embargo, debemos aceptar que en la vulnerabilidad es donde se encuentra la verdadera fortaleza. Es cierto que existe la creencia de que cuantas más corazas se tienen, más protegido se está. Eso sería totalmente cierto si esas envolturas permitieran alejar solamente eso que nos produce tanto daño, pero sucede que también aleja de nosotros todo aquello que no tiene dicha intención. Con la armadura puesta ten pon seguro que estarás exento de dolor, pero a la vez serás incapaz de disfrutar de cualquier otra cosa. Es decir, las corazas nos protegen pero también nos limitan.

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Al principio amaras tu coraza ya que poco tiempo después de construirla te parecerá el mejor invento que pudiste fabricar. El dolor desvanece y las lagrimas se secan poco a poco. Un día te levantas y ni siquiera puedes recordar ese dolor que antes no había forma de olvidar. Dejas de hacer un esfuerzo para mantener tu coraza y pasas a convertirte en ella. Ese día echaras de menos tu verdadero yo. Pero nunca es tarde para deshacernos de las corazas emocionales, solo hay que perder nuestro absurdo miedo a salir herido de la batalla de la vida. Pensemos de este modo: Si estas ileso es que nunca luchaste lo suficiente.

Felicidad

Intentamos huir del dolor, cuando no hay nada más doloroso en esta vida que no poder sentir, ni siquiera el dolor.  Estar vivo implica dolor, y el dolor implica estar vivo. ¿Porque querer ser inmune a un sentimiento que nos recuerda que nuestro corazón sigue latiendo? Pensemos lógicamente, es totalmente ridículo seguir manteniendo la defensa cuando no existe ningún peligro. Es como seguir luchando cuando la guerra acabo hace tiempo. No nos damos cuenta que a veces nos convertimos en nuestro propio enemigo y de ese mismo modo nos privamos de la experiencia más maravillosa del mundo: vivir. ¿Que sentido tiene batallar en nuestra contra?

El dolor es aprendizaje y aprender es vivir sabiendo que cada recaída vale la pena. La vida esta hecha para amarla, no rehuirla. 

Imágenes: Pinterest

Autor: Celia Lopez

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