Cambio de año: Tiempo de marcarse nuevos propósitos

Sí, parece mentira, pero así es. Cada mes de diciembre –incluso mucho antes- sucumbimos al típico anonadamiento que nos produce comprobar que ya ha pasado un año más, es decir, que de nuevo el año se ha pasado volando.

Diciembre, sobre todo durante sus últimos días, no es un mes fácil. El sistema en el que estamos inmersos intenta por todos los medios mantener viva la llama de la Navidad hasta el final. Eso implica insuflarnos grandes ganas de diversión y alegría, sobre todo de cara a la última noche del año.

Sin embargo, hay mucha gente –sobre todo aquellas personas que, por el motivo que sea, no disfrutan de la Navidad- que llega a la Nochevieja exhausta, empalagada o, directamente, muy estresada. La fecha indica que todavía toca seguir celebrando, es decir, reuniéndonos, comiendo, bebiendo, intercambiando regalos y buenos deseos… Y eso siempre y cuando tengamos a nuestro alrededor a otras personas con las que hacer todo eso. Sin embargo, no debemos olvidar que existen muchas personas sin parientes, sin amigos o que están pasando un mal momento, por lo que estas fechas, incluyendo el final de año, les resulta muy agobiante.

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Los diferentes hitos de la Navidad, aunque nos parezcan iguales, tienen cada uno su significado particular. Todo lo que rodea a los días de Nochebuena, Navidad y Reyes tiene un componente, al menos en la teoría, de reunión familiar, espiritualidad y agasajarse de alguna manera unos a otros. Por su parte, la naturaleza de la última noche del año no es la diversión salvaje que no podemos permitirnos con nuestros parientes, aunque nos lo parezca. En realidad es el tránsito, el cambio. Pasamos de un año a otro y esto, aunque se quede en lo simbólico o, incluso, pase desapercibido, siempre tiene algo de catártico.

Es cierto que mucha gente no lo vive así, aunque inevitablemente esté en contacto con esta idea. Eso no significa que para ellos la Nochevieja sea un día triste o insulso sino que, simplemente, es un día normal en el que solo cambia el año que escribimos en las fechas. Esto sucede porque la realidad de cada cual –tanto la obligada como la que cada uno se organiza- no siempre encaja exactamente con el calendario de papel. Por eso hay personas que afirman que ellas no cierran ni abren nada durante la noche que va del 31 de diciembre al 1 de enero, que ellos cambian de fecha pero que no acaban ni inician nada especial, porque se limitan a continuar en lo que ya han emprendido y que tiene otras fechas de inicio y de final.

En relación con esta idea de cierre y comienzo, los días que rodean al 31 de diciembre son un momento propicio –y típico- para realizar los consabidos propósitos de año nuevo. No obstante, aunque las fechas significativas puedan resultar de ayuda o acicate, hay que recordar que cualquier momento es bueno para marcarse retos o poner en orden nuestros deseos, sean tremendamente existenciales o de lo más frívolo.

El comienzo de enero es un momento fantástico para marcarse una hoja de ruta pero no importa en absoluto si lo adelantamos a noviembre o lo demoramos hasta abril, por ejemplo. Los días del año no se mueven pero nuestras vidas son muy azarosas. Por eso una cosa es que el año comience y otra muy distinta es que nosotros ya lo hayamos “comenzado” tres meses antes o que estemos previendo el momento de hacerlo algunos meses después.

Si te ayuda establecer un guión de objetivos y metas, una lista de cosas que te propones llevar a cabo en los próximos meses, hazla. No importa si te queda difusa o no estás muy segura. Es un pacto contigo misma que puedes deshacer y rehacer tantas veces como quieras. Puede que con la energía del momento se te ocurran algunas ideas y que dentro de un tiempo estés más preparada para definir tus objetivos con mayor precisión.

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No lo olvides: puedes modificar tus propósitos según tus gustos y necesidades. No son un examen ni una rendición de cuentas, son ideas para tu vida y tú eres la encargada de disfrutarlas o de dejarlas pasar, no de agobiarte con ellas.

Si finalmente te decides a coger lápiz y papel, aunque sea en tu cabeza, ponte objetivos que sean razonables. Toda meta tiene unos pasos para ser definida y una de ellas es que debe ser realista, verosímil. Tu lista de propósitos puede incluir participar en un triatlón pero no hagas que cumplir esa lista sea un triatlón en sí mismo. Se trata de una senda para mejorar, no de morir en el intento de ser la campeona del año nuevo.

Deja algunas puertas abiertas, tú marcas los términos. Deja que aquellos propósitos que todavía están un poco confusos vayan cogiendo cuerpo poco a poco, aunque se te pasen las semanas, ¡no estás obligada a tenerlo todo claro antes de febrero!

2016

Y, desde luego, si no tienes nada nuevo o especial que proponerte, si te horroriza la sola idea de que llegue el nuevo año y haya que comprometerse a hacer miles de cosas para ser mejor… Permítetelo también. No todo en la vida es ser súper proactiva y marcarse metas de heroína. Reserva un espacio en tu vida simplemente para que siga siendo tal cual es ahora, de manera que tu realidad transite con naturalidad desde el año que acaba hacia el año que comienza. Lo que tenga que venir, vendrá. Quizá el año que viene.

Imágenes: Pinterest

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