Aprende a ser asertiva: decir que ‘sí’ a todo tiene sus consecuencias

En psicología hay muchos términos que, a fuerza de integrarse en nuestra vida diaria, van confundiéndose y emborronando su significado. Otras veces se utilizan indiscriminadamente, con lo que el mensaje pierde potencia y la gente ya no sabe de qué está hablando. Un ejemplo de esto ocurre con la asertividad, algo especialmente relevante en nuestras relaciones interpersonales y con una importante repercusión en nuestra autoestima.

En el lenguaje de la calle, ser asertivo se asocia con la capacidad para saber decir ‘que no’ a algo que no deseamos. Es decir, a la capacidad para no sucumbir ante aquello que no nos convence, por ejemplo una propuesta que alguien nos hace. Esta manera de entenderla va bien encaminada, pero queda bastante incompleta.

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Si un día te encuentras mal, o no estás de humor para nada porque has tenido un mal día, tienes todavía muchas cosas que hacer y alguien te propone ir a dar una vuelta –cosa que no te apetece nada- o te pide un favor de poca importancia cuya realización te supondría una gran molestia dadas tus condiciones…Probablemente lo más conveniente será que le digas que no. Cuidar a los demás está muy bien, pero antes tienes que cuidar a ti misma y no es necesario decir que sí a todo con tal de quedar bien.

Sin embargo, diciendo ‘que no’ a eso que no te convence, no estarás siendo necesariamente asertiva. Exagerándolo un poco, si le dices a esa persona: “No, ni pensarlo, estoy agotada, ¡lo que quiero es meterme debajo de la cama y que me dejéis todos en paz!” estarás protegiéndote a ti misma al haber rechazado algo que no te convencía, con el objetivo de cuidar de ti…Pero, ¿cómo se queda la otra persona?

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¿Por qué? Porque la asertividad no es simplemente la capacidad para saber decir que no, sino la capacidad para defender tus derechos sin dañar los de la otra parte, de manera que vuestra relación quede preservada. Por eso, una respuesta asertiva sería algo como: “Muchas gracias por tu propuesta pero estoy muy cansada y tengo mucho que hacer todavía. A ver si otro día nos vemos y compensamos, ¿te parece?”, o bien: “Lo siento mucho, me gustaría ayudarte pero llevo un día terrible y todavía tengo mucho que hacer y me es imposible”.Ambas son respuestas razonables, dado que no hay que decir que sí a todo por sistema, pero la segunda respuesta es menos agresiva, tiene más en cuenta a la otra parte y esto hace que la relación no se haya puesto en peligro.

El problema es que decir que no, aparte de una capacidad muy estimable, se ha convertido en el arte de lidiar con nuestras emociones. Decir que no, en lo más profundo de nuestra estructura psíquica, equivale a poner en peligro la relación con el otro porque pensamos que, como represalia, nos dejará de querer. Dicho así parece muy extremo, pero lo cierto es que cuando no nos atrevemos a decir que no a algo a lo que, en principio, podríamos negarnos porque excede el compromiso adquirido, lo que está operando es el miedo -me van a despedir, se van a enfadar, dejarán de acordarse de mí…- o la culpa -pobre, y por qué le voy a decir que no, total, qué me cuesta, está en apuros…. Y esto tiene que ver con la autoestima, antes y después de habernos comportado asertivamente.

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Para ser asertivos es necesario creer que, aunque le digas que no a alguien, eso no te hace peor persona sino que sigues siendo digna de ser querida. Además, nos refuerza: soy una persona capaz de cuidar de sí misma y de tener relaciones sanas en las que unas veces cedo y otras veces doy, pero siempre de una manera cuidadosa. Cuando no somos asertivos y cedemos indiscriminadamente por miedo o por culpa, probablemente es porque nuestra autoestima necesita una revisión.

Además, después de ceder a lo que no queríamos, vamos a sentir rabia contra esa persona y contra nosotros: nuestra autoestima será aún más baja porque nos sentiremos débiles por un lado y manipulados por otro. Moraleja: para entrenar tu asertividad, primero revisa tu autoestima y tus pensamientos catastrofistas sobre lo que puede pasarte si te niegas a algo.

Como todo, al final se trata de encontrar un equilibrio. Es indudable que a veces tenemos que decir que sí porque no nos queda más remedio. Ser asertivo no es ser prepotente ni salirnos siempre con la nuestra. Tampoco es cuidarnos a costa del bienestar de los demás. Otras veces, si lo pensamos, descubriremos que nuestra negativa no va a tener ninguna de esas consecuencias terribles que nuestro inconsciente teme. Eso sí, hay que hacerlo sin dañar, cuidando a la otra parte, cuidando la relación.

rafael_san_roman

Rafael San Román es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, terapeuta especializado en counselling y terapias de tercera generación, formador en talleres sobre duelo y pérdidas y autor del blog Psicoduelo

 

 

 

 

Imágenes: Pinterest/grupocrece/psicologiamayaterron/

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