Este experimento demuestra lo fácil que es hacerse pasar por influencer

A lo mejor es desmesurado decir que los influencers dominan el mundo, y quizá es cierto, pero lo que sí dominan es todo el marketing…Ya que han dado un giro a la publicidad y a la promoción de las marcas y al mercado. ¿Quién no quiere pasarse todo el día viajando con todo pagado a cambio de hacerse solo unas fotitos? Pues sí, muchos. Quizá demasiados. Y es que si navegamos por la red social cuna de este oficio, Instagram, podremos encontrar miles de influencers de todo tipo, deporte, moda, lifestyle, viajes…

La palabra influencer tiene su origen en la función que tienen estos personajes públicos, que trata básicamente en influenciar a su público mediante sus fotografías. Influencias que pueden ir de conductas de compra a conductas de rechazo. Pero ¿cuándo es una persona considerada influencer? Como bien sabéis -y si no lo sabéis, ahora os lo aclaramos-, actualmente las cosas en redes se cuentan de mil en mil, de K en K, o de M en M, y no, no estamos jugando a la oca.

Con esto vengo a decir que el número que se considera el punto de partida para tu carrera como influencer es 10.000 seguidores, que es cuando aparece la ansiada K en el perfil. Y de hecho, la red social no ha hecho más que corroborar esta cifra, añadiendo la función de los enlaces a stories, que sólo está disponible para aquéllos usuarios que superen las 10k o estén verificados.

El caso es que todo el mundo quiere ser influencer, pero no es fácil llegar a esta cifra. ¿O sí? Eso es lo que ha querido demostrar un experimento que ha llevado a cabo la empresa de marketing Mediakix. ¿Cómo lo ha hecho?

Crearon dos perfiles diferentes para hacerse pasar por influencers de dos sectores distintos: por un lado, la moda y lifestyle, y por el otro, el de los viajes. Para la primera cuenta, contrataron a una modelo y le asignaron el nombre de Alexa Rae (@calibeachgirl310). En un día, hicieron una sesión de fotos para cubrir las 74 publicaciones con la que cuenta su perfil. En cambio, para la cuenta de viajes (@wanderingggirl), ni siquiera se esmeraron tanto, ya que se limitaron a coger fotos gratuitas de stock que puede encontrar cualquiera en internet.

Una vez creadas las cuentas y publicado el contenido, empezaron a comprar seguidores, que iba entre 3 y 8 dólares por cada mil. Lo hacían de forma paulatina para que Instagram no detectase actividad inusual en las cuentas. Después, también compraron likes y comentarios, invirtiendo unos 12 centavos por comentario y entre 4 y 9 dólares por cada 1.000 likes. Así pronto alcanzaron las 10k, el punto de partida.

Y así fue, tanto Alexa Rae como Amanda Smith, con sus 51.500 y 31.700 seguidores respectivamente, han recibido ofertas de empresas de moda de baño, comida y bebidas alcohólicas, que les han ofrecido productos gratis, compensación económica por las publicaciones, o en algunas casos, ambos.

Sin duda, este experimento no hace más que confirmarnos lo fácil que es engañar a través de las redes sociales, algo que tiene realmente preocupados a las marcas, ya que al fin y al cabo, un influencer es una persona con capacidad de influenciar, tenga los seguidores que tenga, ¿o no?

Imágenes: Instagram. 

Autor: Lucia Ferrero

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