6 maneras de hacer el ridículo en el gimnasio ¡Que vergüenza!

Cuando te acabas de apuntar al gimnasio (¡Arriba la operación bikini!) ya te avergüenza la sensación de que todo el mundo te mira…pero ¿Y si hicieras el ridículo más espantoso y realmente todos te miraran? ¡En los gimnasios también se dan deportes de riesgo!

Por una vez en la vida te has tomado en serio la operación bikini y te has apuntado al gimnasio, pero… ¿Y si se convirtiera en tu peor pesadilla? Y no lo decimos sólo por la cantidad de abdominales que te esperan, sino porque a veces una inexplicable maldición parece haber caído sobre nosotras y una simple clase de aerobic se convierte en el momento más vergonzoso de nuestras vidas. Si quieres evitarlos ¡Repasa con nosotras los 6 momentos más bochornosos del gimnasio!

¿Cómo demonios funciona esto?

Primer día de gimnasio: conjuntito de lycra impecable y iPod con todos los hits de Madonna. Tienes la sensación de que todos te miran, pero no pierdes los nervios. Te diriges hacia la primera máquina que ves y te pones a hacer ejercicio intentando parecer abstraída…pero lo cierto es que no puedes dejar de escuchar las risitas y notar cómo todos te miran. Piensas ‘Bueno soy la nueva…y estos leggins me hacen bastante buen culo…’ Entonces se te acerca un hombre guapísimo y justo cuando crees que has ligado, te suelta: perdona pero te vas a lesionar, la maquina se usa sentada hacia el otro lado’ ¡Tierra, trágame!

El gas sorpresa… ¡Nooooo!

Los michelines son tu peor enemigo y no puedes parar de hacer abdominales para combatirlos cuando, de repente, comienzas a notar ciertas ‘molestias’ por el esfuerzo. Sin parar, reflexionas y te acuerdas de que hoy visitaste tu abuela… ¡Y que te hizo repetir el plato de fabada! Justo entonces el instructor de aerobic cambia la canción y ocurre el peor momento de tu vida ¡Se te escapa una ventosidad que provoca un estruendo similar al de un terremoto! Y lo siento, pero es imposible dejar a todos inconscientes golpeándolos con las pesas antes de que el olor se extienda…

Batacazo en la cinta correr ¡Qué bochorno!

¡Has visto la luz! Ese hombretón que llevas viendo un mes en el gimnasio está usando la cinta de correr y justo al lado hay otra libre perfecta para ti. Te recolocas tu top de lycra y te pones a correr en modo suave (para que no huya por tu sudor), mientras le sonríes. Pero claro, tanto tocarte el pelo para coquetear con él, hace que el auricular de tu iPod se te caiga de la oreja y, con sólo con despistarte un momentito para cogerlo… ¡Plof! Batacazo en la cinta. Pues va a ser mejor que te busques otro fiche…y otro gimnasio…

¿Tu suegra te ha visto desnuda? Pues eso no es lo peor…

Te has apuntado al gimnasio más grande de la ciudad porque te lo ha recomendado muchísima gente ¡Todo el mundo va allí! Después de una sesión de fitness te vas al vestuario y allí, mientras estás desnuda comentando a viva voz con tu amiga el culazo que tiene el instructor y lo que le harías si te lo encontraras en la ducha… ¡Aparece tu suegra! Y lo peor es que tras un silencio eterno lo mejor que se te ocurre es abrir la puerta y salir corriendo tal y como tu madre te trajo al mundo…

A partir de ahora… ¡Elige prendas de calidad!

Hoy estás imparable: llevas dos horas en el gimnasio dándolo todo y aun te queda energía. Y la verdad, parece que los demás también lo notan porque durante la última hora ya has pillado a 4 o 5 tíos guapísimos mirándote y sonriendo… ¡Y hasta a una chica se le iban los ojos hacia tu culo!

Pero justo cuando vas hacia el vestuario satisfecha y pasas por delante del espejo de aerobic… ¡Horror! Te das cuenta de que se te ha rajado el pantalón y vas enseñándole a todo el mundo estas espantosas braguitas del mercadillo con muñequitos verdes que te regaló tu tía ¡Bochorno infinito!

Cómo no ligar nunca en el gimnasio

Hoy ha sido un buen día de gimnasio y has sudado hasta deshidratarte por completo. Ya estás duchada cuando te das cuenta de que el hombre más buenorro del gimnasio está en la puerta, así que sacas pecho, le sonríes mientras sales y sigues tu camino.

Entonces ocurre el milagro: el hombretón te llama…‘¡Perdona!’. Y cuando te giras encantada para responderle lo ves con tu ropa interior más ridícula sudada y asquerosa en la mano diciendo ‘…Se te ha caído esto’. Evidentemente, vuelves a darte la vuelta y sales corriendo…

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Autor: Maria Ybarra

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