Entrevista a Natalia Tubau, autora de Guía de arquitectura insólita

Natalia Tubau ha publicado recientemente una curiosa guía en la que propone un interesante recorrido por lugares insólitos, de esos que rara vez aparecen en las guías convencionales.

Arqueóloga que no fue, coleccionista de casi todo, amante de los libros, el cine, los viajes y la fotografía, Natalia Tubau invita con su obra ‘Guía de arquitectura insólita’ a compartir su pasión por lo singular y su fascinación por los personajes excéntricos. Licenciada en Geografía e Historia, vive en Barcelona y desde hace 15 años desempeña diversas actividades relacionadas con el mundo editorial.

¿Cómo nace la idea de escribir este libro?

Desde hace años colecciono noticias sobre temas que me llaman la atención. Uno de ellos es el de la arquitectura que podríamos llamar «rara»; construcciones insólitas realizadas por personajes más bien extravagantes. Hace algo más de una año surgió la posibilidad de escribir un libro para la editorial Alba y esta propuesta les interesó.

¿El libro es realmente una guía de viaje, como parece indicar el título?

No del todo, o no solamente. Barajamos muchísimos nombres pero al final optamos por lo simple, pensamos que algo sencillo y conciso resultaría más atractivo. Y puesto que en cada caso se incluye la información necesaria para visitarlo, no deja de ser una guía. Eso sí, un poco atípica, ya que además de la descripción del lugar, ofrece información adicional y en mucho casos la biografía de sus autores, tan interesante como sus construcciones. Por otra parte, incita a visitar lugares que no son los que aparecen en las guías convencionales.

Portada del libro ‘Guía de Arquitectura Insólita’ y Torres Watts

¿Crees que existe alguna relación entre la locura y la obsesión por construir extrañas edificaciones?

A veces sí. Muchos de los constructores que aparecen en el libro estaban locos de acuerdo con los criterios de la época, y en todo caso, se puede decir que la mayoría presentaba algún tipo de trastorno obsesivo, ya que casi todos convirtieron su obra en la principal tarea de su vida. Aunque también hay ejemplos de gente corriente, que simplemente quería embellecer su casa o hacerla diferente. Otra variante es la de aquellos que pretenden llamar la atención haciendo algo singular para lograr su minuto de gloria o para rentabilizar su propiedad.

Estas construcciones, ¿Son sólo rarezas o se pueden considera arte?

Hay de todo. Algunas rozan la chatarrería, aunque esto también podría considerarse «arte deconstruido»; otras son pequeñas excentricidades cuya única finalidad es la de rodearse de belleza cuando los recursos son escasos, pero también hay soluciones magníficas de extraordinaria belleza y complejidad. Y muchas de ellas han acabado logrando reconocimiento y protección oficiales, al ser incluidas en los registros de monumentos dignos de ser preservados.

¿Qué tienen en común este tipo de obras y artistas?

Aunque hay algunas excepciones, la mayor parte de estas edificaciones tienen en común la pobreza de materiales. Casi todas están construidas con materiales baratos o reciclados y mucha imaginación. En cuanto a los autores, casi todos comparten la falta de formación específica relacionada con la arquitectura (y buena parte de ellos eran incluso analfabetos); todo lo más hay algún albañil, y sólo en un caso el autor era arquitecto.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención desde el punto de vista artístico o arquitectónico?

Como autora, todos los ejemplos que se recogen me parecen interesantes, pero quizá destacaría algunos que son más espectaculares: un hotel construido en el gigantesco tronco de un árbol hueco que está en Vietnam; una auténtica granja de cítricos formada por más de cien salas bajo tierra; o el templo de una extraña secta italiana (los damanhurianos) también subterráneo; este último es uno de los pocos ejemplos que se sale un poco del criterio, pues esta formado por varias salas cubiertas con cúpulas de cristales emplomados, pan de oro, mármoles etc. Fue construido en secreto y las autoridades tardaron años en descubrirlo y estuvieron a punto de ordenar su destrucción…

Claro, sin conocimientos arquitectónicos, el riesgo de derrumbe debe ser grande…

La mayor parte de estas construcciones se realizan «a la diabla», es decir, a escondidas y de forma ilegal, a veces en terrenos públicos. En muchos casos por ignorancia de sus autores, pero sobre todo porque es probable que las autoridades nunca concedieran los permisos necesarios. Al final, ante los hechos consumados, la mayor parte de las construcciones se legalizaron a posteriori, e incluso se han convertido en un atractivo turístico, pero también hay algunas que han sido arrasadas por las excavadoras. No obstante, algunas llevan casi un siglo en pie, lo que evidencia su resistencia. En el caso de las Torres Watts, que están en Los Ángeles, tiraron de ellas con una grúa, tras vanos intentos por derribarlas, lo que se averió fue la máquina…

¿De dónde procede ese interés por la arquitectura?

No soy arquitecta y nunca me planteé serlo, pero desde pequeña me he sentido fascinada por lo que el ser humano es capaz de construir; quizá por eso me licencié en Historia Antigua aunque, salvo algunas campañas veraniegas, nunca llegué a ejercer como arqueóloga.

¿Tienes ya proyectado algún nuevo libro?

Hay muchos libros, ensayos básicamente, que me gustaría escribir; entre ellos todos los que se quedaron fuera al escribir este. Por razones de espacio, o porque se salían de los límites fijados, tuve que dejar muchas cosas fuera; encontré muchísima información sobre lo que podríamos llamar «arquitecturas excéntricas», pero que no reunían la condición de estar hechas con las propias manos, por individuos que no eran especialistas y con recursos limitados, que eran las condiciones fijadas con la editorial para acotar el tema.

Me gustaría seguir trabajando con ese material, lo que daría para varios libros más. Si pudiera vivir de ello, dedicaría mi tiempo a escribir los muchos libros que tengo proyectados, que es lo que más me apetece, pero en realidad me gano la vida como editora y correctora de lo que otros escriben…

Autor: Judit Perez

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