¿Ir a una boda o de vacaciones?

El “apasionante” mundo de las bodas. Para muchos, puede ser una bendición, pero para otros puede ser un auténtico calvario, sobre todo en el tema económico y en lo relacionado con el tiempo.

Muchas de las bodas que celebraremos a lo largo de nuestra vida -a la que tenemos que acudir-, suelen tener lugar en verano, o justo cuando tenemos vacaciones. Y a veces hay que preguntarse, ¿accedemos a acudir a un enlace matrimonial al que nos han invitado, u optamos por tener vacaciones y ahorrarnos ese dinero? Esta es la disyuntiva.

Decimos sí a una boda… 

Todo puede depender de varios factores: deberemos decir sí a una boda si la persona que se casa es muy allegada, si nos hace ilusión acudir, o si nos sentimos en la obligación de estar presentes. También podemos acceder a ir a una boda en detrimento de marcharnos de vacaciones o simplemente ahorrar ese dinero si no queremos gastarlo, si solamente hemos tenido una al año o si hace mucho tiempo que no vamos a una. En ese caso, podemos hacer el esfuerzo de comprarnos un vestido, reservar ese fin de semana, hacer un regalo a los novios…

 

Decimos no a una boda… 

Seguro que lo estás deseando: decir no, decir me voy de vacaciones, decir ahí os quedáis, os deseo lo mejor. Es obvio que no podrás hacerlo con todas las invitaciones que te lleguen a lo largo de tu vida -al menos si no quieres que la gente se ofenda por tu ausencia-, pero sí podrás hacerlo con aquellas que no sean tan importantes. Esa invitación que sabes que te llega por compromiso, esa boda a la que no te apetece nada ir por los propios novios, por la lista de invitados… Corta por lo sano, no te compres vestido, adquiere un billete de avión y vete de vacaciones. Bodas hay muchas, pero ese viaje está claro que está escrito para ti.

Imágenes: Pinterest

Autor: Marta Marciel

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