Cuando los 40 años son los nuevos 30 con la cirugía

Me gustaría empezar este artículo declarando mi oposición al término ‘antiedad’ o ‘antiaging’. Cuando alguna técnica, tratamiento o cirugía tiene un propósito antiaging, viene a declarar su intención de detener el paso natural de la vida. Para mí, el paso del tiempo resulta bello y enriquecedor y creo que deberíamos dejarle fluir.

Dicho esto, entiendo algunas sean más coquetas y contrarias a la aparición de esas arrugas que sorprenden en un momento determinado de sus vidas. Las hay que además de sorprenderse, se pegan un buen susto una mañana en la que sin darse cuenta ya han cumplido muchos años. No aparecen solo arrugas, también una pérdida de elasticidad de la piel, flacidez, sequedad en los ojos, alguna (s) cana escondida/s…

Se trata de síntomas naturales del envejecimiento que, dependiendo de la calidad de vida y la genética de cada persona, se manifiestan a determinada edad. Los 40 son los años en los que el proceso comienza a ser ya imparable y la rutina diaria de cuidados resulta óptima si la aplicamos en rostro y piel, además de ser fieles a la medicina estética y a los tratamientos que ahora os voy a explicar.

Cuando los síntomas del envejecimiento hacen su aparición de forma prematura, a los treinta, por ejemplo, es cuando nuestro organismo nos está avisando de que pertenecemos al grupo que va a precisar una política de prevención más acusada. Quiero decir: si a tus primeros treinta ya tienes ‘arruguitas’, una visita al dermatólogo debe ser tu punto de partida.

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Hablo del dermatólogo, porque una vez que este te diagnostique el tipo de piel que tienes y te recomiende una crema más o menos grasa, puedes hidratarte la piel y regenerártela con tratamientos faciales siguiendo sus directrices. Ya sabes: un buen peeling, mascarillas e hidratantes. Lo mejor, siempre natural y rico en antioxidantes. Cuello, escote y manos, muy importante. Aunque no lo pensemos en muchas ocasiones, las manos están expuestas a los ojos ajenos tanto como nuestro rostro. Y si les prestamos atención, pocos detalles resultan tan indicadores del envejecimiento.

Para rejuvenecerlas existen dos tratamientos pioneros. El primero es el denominado factores de crecimiento plaquetario, que también se usa para otras partes del cuerpo. Se extrae sangre del paciente, se centrifuga y se utiliza la parte del plasma que contiene sus plaquetas. Una vez inyectada es una especie de ‘elixir de juventud’.

Por otro lado, os recomiendo los ya famosos ‘injertos de grasa autológa’. Es la misma técnica que utilizan las famosas intercontinentales para aumentarse los glúteos. Se rellena el dorso de las manos, dando volumen a nervios y tendones, con la grasa que sobra de otras partes, como las llamadas ‘cartucheras’.

Estas técnicas, que ofrecen unos resultados impresionantes, han dejado atrás al botox y hasta al ácido hialurónico, dos rellenos que estiran y evitan el descolgamiento propio de la vejez. El lipolifting facial estira, pero también rejuvenece a la vez. Esta es su gran novedad. Y no podemos pasar por alto que es más duradero, más natural y apenas presente problemas postoperatorios.

Si hacemos una pequeña incursión en el terreno de la cirugía y cambiamos la aguja por el bisturí, existen dos zonas del rostro que delatan la edad más que otras: los párpados y la papada. Los ojos, sus bolsas y ojeras pronunciadas que a tantas metáforas y comparaciones han dado lugar, pueden devolvernos, utilizando otra metáfora, un decenio de vida, si conseguimos eliminar las arrugas de los párpados superiores y/ o la caída de los inferiores.

En cuanto a la papada, dependerá del volumen de grasa depositado bajo nuestra barbilla, de si tenemos o no lo que se denomina ‘doble mentón’. En ese caso habrá que sacar el bisturí, y, bajo anestesia general, retirarla, llegando a acortar los músculos de la barbilla.

Si el depósito de grasa es moderado, podremos coger ‘la aguja’ y ayudarnos de medicina estética moderna en la clínica, sin anestesia, mediante radiofrecuencia, laser, mesoterapia o cavitación.

¡Feliz semana!

Moisés Martín Anaya

Moisés Martín Anaya es cirujano plástico y estético. Licenciado y Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca, dirige la Clínica Moisés Martín Anaya y ejerce como especialista en el Hospital Virgen de la Paloma, en Madrid.

 

 

 

Imágenes: Corbis

 

Autor: Moisés Martín Anaya

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