Anillos de venus: cómo tratar las arrugas del cuello

Hoy voy a hablaros de unas arrugas que tienen un nombre popular ciertamente bonito, algo que no suele suceder. Frente a las alas de murciélago con las que se denominan las bolsas de piel y grasa que cuelgan de antebrazos , o al “efecto gargamel” con el que alude se al exceso de papada, a las líneas que se marcan en el cuello se les llama anillos de Venus.

Anillos o también círculos de Venus. Así se denominan los círculos horizontales que aparecen en el cuello con el paso de los años. A algunas personas se les notan más que a otras e incluso les nacen antes, y es que, aunque el envejecimiento es el factor principal, también existen otros que os voy a comentar.

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Como siempre que hablamos de la piel, la falta de hidratación incide sobremanera. Cierto es que el colágeno, que la mantiene compacta y tersa se va desgastando con el paso del tiempo, lo que implica una pérdida de grasa. Pero no es menos cierto que si privamos a la dermis, además, de la cantidad externa e interna de agua que precisa, precipitaremos no solo la aparición de arrugas, sino también la aparición de pequeños eccemas u otras manchas y marcas. El motivo: una dermis bien hidratada hace las funciones de barrera frente a las agresiones externas.

En el caso de los anillos de Venus debemos tener siempre muy presente la zona del cuello tanto a la hora de desmaquillar como de hidratar. No está de más que le dediquemos un poquito más de tiempo, incidiendo en un pequeño masaje con producto graso porque, independientemente de cada tipo del piel, la zona del cuello suele ser estar más seca. Le sucede igual que a la cara, al estar expuesta tanto al aire y a los rigores del frío y del calor.

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Si queremos ir más allá y someternos a un tratamiento con máquinas, mi recomendación es doble. De un lado, las inyecciones con plasma enriquecido en plaquetas, y del otro, los tratamientos de radiofrecuencia con láser.

En el primer caso se trata de inyecciones de sangre del propio paciente, a la que se ha enriquecido con plaquetas, previamente sometidas a un proceso de centrifugado. Este tratamiento de medicina regenerativa se emplea con éxito no sólo en el campo de la estética, sino también en el de la medicina deportiva. Estimula la producción de colágeno y elastina, sustancias que confieren a la piel brillo, tersura, consistencia y elasticidad.

La radiofrecuencia pertenece al campo de la llamada tecnobelleza, de la que hablábamos hace unas semanas. Mediante la aplicación de ondas electromagnéticas sobre la piel se estimula un efecto térmico que hace que el tejido se contraiga en un primer estadio para estirarse después.

Este efecto de contracción viene muy bien a los anillos de Venus, sobre los que también que hay que decir que aparecen por causas mecánicas, por la tensión y distensión de los músculos del cuello. Al agachar y levantar la cabeza constantemente provocamos que se marquen dichos surcos en la piel, en una zona, además, falta de grasa.

Se trata, por lo tanto, de arrugas de posición, más que de arrugas de expresión. ¡Ojo, que lo vengo avisando! Ese movimiento antinatural de caminar por la vida, en todo el sentido de la expresión, mirando hacia abajo para poder mandar mensajes en vuestro teléfono móvil os va a costar más de una visita médica. Al traumatólogo, por supuesto. Pero también a las consultas de estética. Y cada vez antes.

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Moisés Martín Anaya es cirujano plástico y estético. Licenciado y Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca, dirige la Clínica Moisés Martín Anaya y ejerce como especialista en el Hospital Virgen de la Paloma, en Madrid.

Imágenes: Pinterest

 

 

Autor: Moisés Martín Anaya

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