Aquello que le sucede a un hombre cuando es padre por primera vez

Ante la confirmación del embarazo, la mayoría de parejas tienden a entrar en caminos nuevos que conducen hacia la mejor preparación, tanto de la bienvenida al hijo como del entorno inmediato; así se van comprando muebles, pintando la habitación del bebé, eligiendo nombres, ropa, eligiendo el tipo de parto, el médico, la matrona, iniciando cursos de preparación para el parto y leyendo cuanta literatura se les ponga a la mano relacionada con el parto, el nacimiento o la crianza del hijo.

Sin duda todo este preludio es muy importante pues los cambios que se avecinan son muy trascendentes y de cuya dimensión realmente se percatarán cuando el bebé esté en casa. No obstante -y digo no obstante porque siempre la realidad termina siendo una mala imitación de aquello que se ha incorporado-, es recomendable la lectura e información por diferentes canales acerca de la inclusión del tercero en la pareja, de la redistribución de lugares, del profundo cambio que experimentará la rutina familiar y las postergaciones que comenzarán a aparecer casi sin dar tiempo a darse cuenta que ocurrieron.

También es destacable que la percepción de la misma realidad, como siempre, difiere de un actor al otro de la misma situación. La madre, inmersa en el nuevo y maravilloso vínculo,vive la experiencia de otro modo que el padre, quien lejos de ser el protagonista, ve como su lugar casi se perdió.

Probablemente los primeros indicadores de que las cosas han cambiado será su cansancio, aún cuando quien generalmente acudirá al llanto del bebé por las noches para amamantarlo, será la madre.

La inclusión de un hijo es algo mágico y hermoso y además trae modificaciones no siempre placenteras: cambios violentos en los horarios, comidas no preparadas, compras no hechas, ropa sin lavar, falta de intimidad de la pareja, sin hablar de la disminución del tiempo o de los tiempos que antes existían: tiempo de trabajar, tiempo de descansar, tiempo de complicidad, tiempo de paseos. En definitiva, tiempo.

Como la nueva mamá debe concentrar gran parte de su energía en el niño -en particular en los primeros meses-  el padre puede no sentirse tan feliz ni pleno:

  • Puede sentir que se lo descuida a él.
  • Puede temer que la intimidad con su mujer se pierda.
  • Puede sentirse disminuido por no saber atender al pequeño.

Como consecuencia de estos sentimientos de falta de confianza en sus posibilidades de minusvalía, el nuevo padre puede aislarse tendiendo a no participar de la vida familiar y encerrándose en si mismo.

Es necesario y un alivio también que el padre tenga claro que nadie lo excluye, es más, generalmente ellos mismos son los que se excluyen. El nuevo papá debe tener presente que el bebé del que todos están pendientes también es suyo y que en vez de competir con el bebé debe formar parte de quienes le dan su atención, si bien la gestación la lleva la mujer, el papá es muy importante para la salud emocional de la madre y del bebé.

Comprender que sólo se trata de un tiempo de espera, que no es un desplazamiento eterno y que el hijo no viene a restar sino a sumar, evitarán a que el padre se aísle.

El despliegue diario de la madre y el bebé resta importancia de la presencia del padre, pero no hay tal disminución: Es sólo un paso al costado temporal. El niño necesita contar con una imagen paterna integrada a su vida emocional; pero no en el principio.

Imágenes: Uno más en la familia

Autor: Mariana Fiksler

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