Cómo tener una comunicación efectiva con nuestro hijo

Hoy hablaremos por una parte de “conectar” con nuestra necesidad innata de comunicarnos con los demás de manera efectiva y eficiente, y por otra dar unas pautas sencillas de cómo podemos hacerlo con nuestros hijos. La primera parte es “tomar conciencia de cómo nos comunicamos con los demás” y la segunda empezar a practicar con frases sencillas pero muy efectivas. Todo esto nos servirá para comunicarnos mejor con nuestros hijos, los cuales necesitan referentes mediante los cuales “copiar” unos estilos comunicativos que les darán más capacidad de reflexión, entendimiento, negociación así como una mayor inteligencia interpersonal.

Cómo empezar

Lo primero que debemos hacer es ser capaces de “hacer un alto en el camino” y observar nuestra comunicación. ¿Cómo me dirijo a los demás? ¿Cómo le hablo a mi hijo/a? ¿A los que me rodean? ¿Qué palabras utilizo más?

Por ejemplo hay personas que se dirijen a los demás como si pidieran siempre permiso, utilizan frases del tipo: “puedo hacer esto, o aquello, te quieres…” Esto traducido en casa con nuestros hijos nos dejaría en una posición en la cual el niño piensa que tiene más poder del que realmente puede manejar. Sobretodo a edades tempranas.

Otro ejemplo es el tono de nuestra comunicación – la parte más paraverbal de la comunicación-. Te has preguntado si eres demasiado expeditivo a la hora de dirigirte a los demás? Des de este tipo de comunicación el niño al cual sus padres se dirigen des del autoritarismo la mayor parte del tiempo al final acaba actuando por “miedo”, por “coacción” no des de la “proacción”.

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Es necesario dar una alternativa al NO

  • Si le decimos “No hagas tal o cual cosa” tenemos que dar una opción. Por ejemplo: “La pared no se pinta”, mira “Puedes hacerlo aquí”
  •  Tiene que aprender que sus actos traen consigo unas consecuencias. Si ha pintado la pared al año y medio, no hace falta que le digamos gritando “qué has hecho?!!!. Sinó que le podemos decir, siempre utilizando su nombre….”Pablo, aquí no se pinta, mira puedes hacerlo aquí” y le llevamos al papel para que haga sus garabatos o a un trozo de pared habilitada a tal efecto.
  • Si se repite una conducta en el tiempo se utilizará la regla “Causa-consecuencia”. Si ya a los tres años le hemos dicho que no pinte en la pared y lo continúa haciendo, se le dará un trrapo con jabón para que lo limpie.

Tenemos que dejar claro qué esperamos de ellos, nadie tiene el poder de leer la mente, nadie!

Esto sirve des de bien pequeños ya hasta que son mayores. Comunicarnos describiendo en términos conductuales “has roto el jersey”, no des de términos del “ser”, “eres un bruto”. En su lugar podemos decir: “has roto el jersey, tienes que cuidar más de tus cosas”. Dependiendo de la edad y la frecuencia de esta conducta se pueden utilizar otras estrategias efectivas para que cesen las mismas. Siempre en el sentido de responsabilizarse, no culpabilizarse de su conducta.

Si no te gusta lo que hace alguien se lo tiene que decir. Y este alguien es su familia, lo más pronto posible. Por ejemplo: “No me gusta que hagas ruido comiendo, me gustaría que cerraras la boca al masticar por favor”. “Pablo, no me ha gustado llegar a casa y ver que no has tirado la basura, te pido por favor que otro día lo hagas cuando toca, por favor”.

Refuerzo positivo del lenguaje y nuestra conducta como modelo

Muchas veces y sin querer, no se refuerzan las conductas que sí nos gustan y esperamos de ellos, entendiendo que ya son normales o las tienen que saber. Más lejos de la realidad. Tenemos que fijarnos en lo que hace bien, en lo que nos gusta para dejar bien claro que aquello que acaba de hacer está bien hecho y que por lo tanto tiene que continuar haciéndolo.

No vale decir no grites, si se lo estamos diciendo gritando, o si hemos empezado nosotros a gritar. Por lo tanto no hay conducta que quede más instaurada que aquella que hemos visto hacer primero.

“Los movimientos no solo los hacemos simplemente por movernos, cada movimiento tiene su propósito, siempre tiene alguna intención” (Maria Montesori)

Nos será útil “leer” entre líneas y las mismas líneas, saber qué nos está diciendo nuestro hijo/a con su conducta y sobretodo preguntar, confirmar y escuchar des de una escucha activa y atenta.

Artículo escrito por: Elisabeth Rusiñol Mirapeix, Psicóloga, psicoterapeuta i coach en Interpersonal Vic y Barcelona-. Pide tu Consulta on-line

 

 

 

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