Waz, un thriller que no sorprende

Waz es una película de suspense y asesinato que revive (mediocremente, todo sea dicho) el estilo de clásicos como Seven. La película se podrá ver en la gran pantalla a partir del 29 de febrero.

Waz nos vuelve a presentar el ya machacado tema de los asesinos en serie. En este caso, el argumento gira en torno a un detective agotado por su trabajo, que ronda la cincuentena, interpretado por Stellan Skarsgard, que trabaja junto a su rubia e inexperta (no podía ser de otro modo) compañera Helen, papel que interpreta sin demasiada brillantez la actriz Melissa George. Ambos deben luchar contra una serie de asesinatos que tienen como víctimas a unos jóvenes pandilleros.  

Escena de Waz en la que aparece el detective Argo

En las calles de la ciudad empiezan a aparecer cadáveres horriblemente mutilados con la ecuación waz grabada sobre la piel. Esta ecuación es resuelta rápidamente por ambos policías, sin apenas crear suspense o intriga. El detective descubre quién es el asesino sin dejar que el espectador pueda dudar, lo que hace que la película pierda todo el interés y se convierta en un espectáculo de violencia gratuita, justificada solamente por el mensaje final: el amor hacia los demás es una farsa.

El ser humano es egoísta por naturaleza y siempre antepondrá su vida a su amor por los otros. Algo que, por otro lado, no es otra cosa que el más primario instinto de supervivencia propio de la especie animal en la que se incluye también la raza humana. Sin embargo, este pesimismo quedará contradicho en última instancia gracias a la comprobación de que esto no tiene porqué ser así.

El actor Stellan Skarsgard

Waz nos propone la idea de una asesina (Selma Blair) que ha perdido la fe en el hombre y quiere poner a prueba la primacía del amor por encima del egoísmo humano y no parará hasta que lo consiga, pues es la única forma que tiene de vivir en paz. Así nos quedamos con la idea moralista de que el amor está por encima de todo.

El film, por otro lado, transcurre en la más absoluta oscuridad, repitiendo los estereotipos del suspense, en el que no hay ni una sola escena donde nuestro detective no se fume un cigarrillo. No faltan tampoco las prostitutas y los pandilleros chungos de los suburbios de la gran ciudad. Además, los diálogos dejan bastante que desear, ya que no aportan ninguna idea nueva y, por el contrario, recurren a frases repetidas mil veces, con el añadido de que son pronunciadas con un tono trascendental y profundo cuando en realidad carecen de él.

Autor: Victoria Chauvell

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