Pecados que sí hay que cometer 3: Una dosis de egoísmo (contra la obsesión por hacerte querer)

“Vive sólo para ti si pudieres, pues sólo para ti si mueres, mueres” decía Quevedo. Y es que, ¿cuántas pequeñas cosas dejamos de hacer por los demás? Este es otro de los pecadillos que Lola Esteban considera imprescindible relativizar y poner en su justo lugar. ¿Por qué no nos atrevemos a decir “NO” a ese amigo que nos reclama para salir, si preferimos quedarnos tumbados en el sofá?

Tenemos tantos esquemas sobre lo que deberíamos hacer en cada minuto y en cada situación… Si todos estuviéramos pendientes de los demás en todo momento acabaríamos actuando y sintiendo de forma similar en las diferentes áreas de nuestra conducta. Nos convertiríamos en la sociedad uniforme.

Egoísmo insano: saber diferenciarlo
Vayamos por partes. ¿Somos egoístas?, y si es así, ¿de qué tipo? ¿Acaso hay tipos de egoísmo? El egoísmo implica un marcado afecto por uno mismo. Pero para esfumar las sombras que se ciernen sobre el egoísmo, hablemos en primer lugar sobre ese tipo bien conocido y clasificado por psicólogos y psiquiatras de egoísmo insano: la exacerbación incontrolada del sentimiento del amor propio. El egoísmo insano no es sino el medio de convertirlo todo en utilidad propia. Y así, cuando es desmesurado, nos olvidamos de que vivimos rodeados de seres humanos que también son seres únicos y especiales, como nosotros. Actuamos, entonces, con una actitud hedonista, sin alcanzar a comprender que quien sólo vive para sí, ha muerto para los demás.

Egoísmo sano, o cómo ser egoístamente feliz
Por otro lado, existe también una forma de hacer positivo este egoísmo. Hay casos en que el egoísmo se convierte en sublime virtud, como señala Esteban: “momentos para pensar en los otros y momentos en los que debemos pensar en nosotros mismos. “Yo”, qué ser tan importante, sin mí el mundo desaparece. Sin caer en el exceso, ¿Por qué no nos darnos la importancia que merecemos? Aceptar consejos y opiniones de los demás pero pasándolos por el filtro del sano egoísmo. Nunca vamos a gustar a todo el mundo. Siempre habrá alguien que discrepe de nuestras opiniones. Buscar la aprobación y el amor de los otros es saludable y legítimo si no nos hace olvidar nuestros deseos personales.”

Y es que bien mirado, esta forma de egoísmo puede salvarnos de dejar que los demás decidan por nosotros lo que por derecho nos pertenece. El egoísmo se puede transformar en una virtud cuando cada uno de nosotros puede pensar en sí mismo primero, para después (y esto es lo que hace al egoísmo virtuoso) hacer y estar bien con los demás.

Inteligencia para convertir el egoísmo en virtud
Si estuviéramos desprovistos de egoísmo seríamos incapaces de vivir y de ser verdaderamente felices, pero para poder convertirlo en una virtud es necesario una buena dosis de inteligencia y la claridad suficiente de los objetivos que se pretenden con tal actitud -es este caso, ser egoísta es un medio para conseguir fines nobles-, mientras que el necio la convierte en defecto. Cuando somos “egoístas buenos”, procuramos que todos los seres que nos rodean estén bien y esto nos hace sentir mejor. Es, entonces, un círculo positivo: “Yo estoy bien, los demás están bien; los demás están bien, yo estoy mejor”.

Valorar (mucho más) tu propio criterio
Quítate de en medio las normas sociales de lo que está bien o mal visto y piensa en ti. No podemos estar inmersos en una obligación continua acerca de lo que “debo hacer”, sino que hay que intentar centrarse en lo que “quieres hacer”, pues es la manera de conseguir la felicidad.


Por ejemplo, ¿por qué no comienzas a salir de compras sola y a elegir tu propio estilo? Así te quitarás el miedo al que dirán de tu nueva camisa, y enfrentándote al miedo lo superarás. Confía en tu opinión y llévala adelante. Cuando salgas en grupo o en familia intenta ser el término medio, no acapares toda la conversación, pero tampoco dejes que hablen todo el tiempo los demás y tú te dediques a decir a todo que sí. Colabora en las conversaciones, da tu opinión, discute diversos puntos de vista y comprueba que después no pasa nada malo, al contrario.

Sé egoísta con el tiempo personal
Dedicarte media hora para ti misma y aprender a negarte si alguien quiere interponerse entre ese tiempo y tú. Ten en cuenta que decir que no a lo que quieren los demás, de vez en cuando, forma parte de valorarte, lo que tampoco significa que te conviertas en una persona tan egocéntrica que olvide que hay todo un mundo alrededor: es cuestión buenas intenciones y eso sí, atención: a la hora de ser políticamente correctas, en la moderación está el éxito.

Déjate guiar… pero cuando lo estimes oportuno
En ocasiones tenemos que ser educados y dejar a otros que decidan o incluso impongan su criterio. Las normas sociales, morales y éticas están muy bien y proporcionan una vida ordenada en sociedad. Lo negativo es seguirlas a rajatabla frustrando nuestros deseos. Así que recuerda que si te esfuerzas podrás conseguir un equilibrio entre tu “quiero” y tu “debo”, recordando que querer que los demás nos aprueben y nos valoren no es malo, pero ten cuidado y pon límite, no dejes que se convierta en una trampa de frustración. Y es que no siempre tenemos que decidir nosotras, por encima de todo, pero sí tomar parte activa de las situaciones.

Autor: Juan Garcia Ruiz

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