¿Metiste la pata en el trabajo? Como salir del apuro

¿Te has equivocado en el trabajo y no sabes como arreglarlo? A todos nos ha pasado alguna vez así que tranquilo, todo tiene solución.

¿Quién no ha metido nunca la pata? Nadie puede afirmar que no lo haya hecho. Y es que meter la pata es una cualidad indiscutible del ser humano. Nos encanta. ¿Porqué sino lo haríamos una y otra vez, y otra, y otra… sin cansarnos nunca? Con la familia, los amigos, conocidos, desconocidos, en público, privado… da lo mismo la circunstancia o el lugar, lo hacemos continuamente. ¿Y por qué será que donde menos deberíamos meter la pata a menudo es donde más lo hacemos? El trabajo es el lugar por excelencia donde la expresión “meter la pata” adquiere todo su significado, es decir, a menudo viene acompañada con “hasta el fondo”. Pero antes de maldecir a Murphy y su “reveladora” ley, recordemos que no somos perfectos, equivocarse es normal, y de la misma manera que nos hemos equivocado podemos arreglarlo pues todo tiene solución.

Criticar con ganas al jefe o a un compañero y que lo escuchen todo. Mandar un mail comprometedor a la persona equivocada. Colgar en el Facebook contenido poco visible (fotos de borracheras o íntimas, comentarios etc.) y no privatizar tu perfil, o aceptar solicitudes de compañeros de trabajo. Hacer un cometario despectivo de quién te pensabas era un cliente pero que siempre resulta ser un familiar de algún compañero o del jefe. No colgar apropiadamente el teléfono después de una conversación seria e importante, y decir algo que no debía ser oído por el interlocutor. O contestar un importuno sin pensar a quién, son las clásicas meteduras de pata en la oficina.

Nadie se libra de ello a pesar de la buena imagen que queremos dar, pero ¡no os preocupéis!, como dice otra expresión ¡más vale reír que llorar! En estos casos lo mejor es arreglarlo cuanto antes, aclarar las cosas y no dejar que vaya a más. Meter la pata significa cometer un error, equivocarse, y eso a menudo se soluciona con un “lo siento”. Reconocer y asumir el fallo abierta y honestamente sin excusas ni pretextos, normalmente es una buena solución que todo el mundo entiende y acepta pues, ¿quién no ha querido que la tierra se lo tragara alguna vez?

Autor: Eva Marco

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