Lecturas que marcaron época

No hay duda de que antes de entrar en el nuevo milenio el fenómeno de la literatura juvenil ya existía, y todo gracias a grandes autores con grandes libros.

¿Quién no recuera las aventuras de El pequeño vampiro? Esta serie de la autora Angela Sommer-Bodenburg, llena de pegadizas hazañas, generó películas y series de televisión ya muchos años antes de que se extendiera la moda de hacer audiovisual de todos los éxitos literarios. El punto de partida era sencillo: Anton es un niño solitario que de repente ve cómo en su cuarto se cuela un vampiro, y pronto se adentrará en su mundo, que resulta tan entrañable como inofensivo, y se ensalzan valores como la amistad y la familia con un estilo sencillo y divertido que no desentona con el panorama actual.

También había autoras como Margaret Mahy, menos conocida fuera de su Australia natal, pero con unas historias del género fantástico en la línea de la sorprendentemente famosa Stephenie Meyer: en El ritual se cuenta la historia de una adolescente que descubre sus poderes y debe luchar contra el mal, mientras tiene que lidiar con su inmadura madre y tiene tiempo para seducir a un brujo… a sus catorce años. Con su estilo envolvente se lee de un tirón.

Claro que no todo se trata de fantasía. Los temas serios también han preocupado a niños y adolescentes de los años ochenta y noventa, y muchos autores lo han reflejado con un estilo directo y cercano: desde la cruda y americana Outsiders, una novela (y película) de Susan Hinton sobre chicos con problemas que malviven en un barrio, hasta obras capaces de emocionar como Hoyos, de Louis Sachar, donde unos chicos son llevados a un campamento infernal de verano y harán todo lo posible para sobrevivir.

La variedad de los géneros para adolescentes se ha visto arrastrada por lo convencional y lo comercial, y en algunos casos la calidad ha menguado considerablemente. El terreno de lo oscuro y lo misterioso se nutre de los mitos de siempre para darles un aire juvenil y pseudoromántico que responde a los gustos actuales. Bella es como realizar el sueño de ser Cenicienta o Blancanieves, pero Anton es curioso y asustadizo como cualquier niño. ¿Y qué ocurre cuándo Stanley Yelnats descubre que en su campamento-prisión la dueña quiere destruirle para quedarse con su tesoro? Hay que leerlo para conocer la respuesta, y a menudo leer entre líneas.

Los gustos literarios aparecen en algún momento para llenar el hueco, y si el tiempo les da el visto bueno se convierten en tendencias. Las novelas podrán ser mejores o peores, pero es la historia de siempre: es cuestión de tiempo que lo bueno perdure y lo malo quede relegado. ¡Así que es hora de leer!

Autor: Ana Maria Fuste

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