La generosidad de Conchita Vilella

Esta semana le quiero dedicar mi columna a Conchita Vilella, por su gran generosidad y ejemplo en el campo profesional y personal.

El jueves por la noche me sorprendió una llamada rondaban las 10:00 p.m aproximadamente. De repente, veo que es Roser Amills, la directora de la revista. ¡Uff! pensé, algo grave ha sucedido, no acostumbra ha llamarme tan tarde. Cogí el teléfono con total normalidad y la saludé amablemente, preguntándole qué tal todo. Su voz era tenúe, algo temblorosa. Asustada, le pregunté, ¿Qué ha pasado algo? Ella me contestó, si estás de pie siéntate. Un escalofrío invadió mi cuerpo al oír sus tristes palabras. Acabo de recibir un comunicado donde nos dicen que Conchita Vilella ha muerto.

Conchita empezó su carrera profesional en Cacharel como directora comercial durante 30 años. Fue la primera relaciones públicas en ceder prendas a las publicaciones y en trabajar con los medios comunicación. Ahora era la directora de un Gabinete de Comunicación que llevaba su propio nombre.

Mi mente no dejaba de pensar, es imposible, hace poco estuve en una presentación con ella, cómo es posible. Sí efectivamente, todos los que la rodeaban en el día a día afirmaron que trabajó hasta el último instante. Siempre con una sonrisa en la boca, siempre alegre, contenta, positiva y lo más importante, con una gran actitud llena de generosidad.

Personalmente no tuve ocasión de coincidir con ella en muchas presentaciones, pero un par de veces fueron suficientes para descubrir a una mujer acogedora, que te hacía sentir bien, que se acordaba de tu nombre, y sobre todo, que nunca le faltaba una palabra de amabilidad y un gesto de servicio.

En la redacción comentábamos lo bien que trabajaba, sobre todo porque nos dábamos cuenta que sabía formar equipo, que tenía contentos a los suyos, que transmitía ‘buen royo’, y que nunca la veías nerviosa, siempre parecía que controlaba la situación.¡Qué templanza! pensaba yo.

¡Cuánto tenemos que aprender! Su actitud, me ha llevado a reflexionar en muchas ocasiones. Cuando alguien en su vida ha dado lo mejor de sí mismo, después, cuando no está, nos viene a la mente, una imagen positiva de ésa persona, e incluso la ponderamos a modo de ejemplo. Sin embargo, cuando las personas siembran egoísmo, malas caras, nervios… tendemos a apartarlas y cuando se mueren, sí, te acuerdas de ellas al principio, pero después se pasan al olvido

Conchita fue una mujer inteligente, que creció en base a unos valores, que supo ganarse a la gente, y sobre todo, que supo sembrar, y ahora desde dónde quiera que esté puede ver como sus frutos han dado más frutos. Y cómo su ejemplo ahora nos sirve a los demás para seguir adelante y para tener un modelo de referencia.

Al enterarme de la noticia de su muerte, mi corazón dio un vuelco y una tristeza me invadió. Pero, de repente una voz en mi interior me dijo, no estés triste, ahora ella está en el cielo y siempre le podrás pedir consejo y que te ilumine para saber acertar.

Sólo espero que estas humildes palabras nos hagan reflexionar a todos sobre nuestra actitud y la importancia que tiene crecer con la referencia de unos valores en nuestras vidas.

Autor: Elena Del Valle

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