¿Por qué influye más un atentado en Europa que en cualquier otro lugar del mundo?

En estos tiempos nos estamos acostumbrando, por desgracia, a ver casi a diario en las noticias tragedias, atentados o desgracias naturales. Tanto es así que podría parecer que nos hemos insensibilizado. No es el caso. Lo que ocurre es que nos hemos habituado. La explicación es sencilla. La repetición amortigüa la reacción social ante este tipo de sucesos. La primera vez nos impacta, la segunda no tanto y la tercera se convierte en rutina.

Planteado así podría parecer insensibilidad, pero tampoco es lo que parece. Se trata de un mecanismo de protección, con el que las personas tratamos de evitar el sufrimiento. Como no queremos volver a pasar por el mismo mal trago activamos un estado defensivo basado, entre otros aspectos, en la “asunción de no responsabilidad” o “indefensión aprendida”, es decir, considerar que no podemos hacer nada y que son las autoridades pertinentes , políticos o jueces, a quienes compete la solución del problema.

Los comportamientos radicales, lo que se llama tomarse la justicia por la propia mano, suponen lo contrario: querer asumir la responsabilidad y determinar si es necesario un castigo.Esto sucede cuando los acontecimientos ocurren muy cerca de nosotros, tanto física como socialmente. Hace unos días un británico trató de asesinar a un grupo de musulmanes que oraba en la explanada de una mezquita en respuesta a los atentados de terroristas islamistas contra la población británica.

Se trata de una respuesta extrema. Entre ésta y la indefension encontramos las manifestaciones silenciosas de dolor, los conciertos homenajes, las marchas pacíficas y muchas más. Nos importa lo que ha ocurrido. Ha pasado cerca nuestro, en el estadio de nuestra ciudad. Nos lamentamos por los 10 muertos de Londres. Pero ¿Y por los 70 de Kabul? No tanto. Es la llamada Empatía de la Distancia.

De nuevo es preciso explicar que no es un tema de insensibilidad humana, sino de que el interés y la preocupación por lo cercano es un aspecto consustancial al ser humano. Está en nuestra naturaleza sentir lo mismo que otra persona cuando nos identificamos con ella.

A mayor identificación, mayor grado de empatía. Una joven española será capaz de ponerse en la piel de una víctima del concierto de Ariadna Grande, porque su estilo de vida es igual, pero tendrá dificultades para hacer lo mismo con una chica sudanesa. Lo que separa a ambas no es sólo la distancia física, el número de kilómetros entre una y otra , sino la distancia simbólica, una barrera mental construida con nuestros valores y creencias.

Es lógico, pero también se puede trabajar en ello. El acceso a la información y una educación en valores que nos hagan sentir como seres humanos más allá de naciones, países o continentes nos ayudará a liberarnos de esas barreras no sólo físicas, sino también mentales.

Pilar Conde es directora técnica de Clínicas Origen

Comparte esta noticia en

Escribe un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *