Elizabeth. La edad de oro…¡Dios salve a la reina!

En el año 1998, mientras todo el mundo se rendía ante las cucamonas de William Shakespeare en Shakespeare Enamorado, otra película, que trataba el mismo periodo histórico, se hacia hueco en las pantallas de todo el mundo corriendo una suerte bien diferente. Elizabeth fue nominada a Oscars y Globos de Oro, pero nada pudo hacer frente su competidora, que ganó todos los premios y toda la fama internacional. A pesar de ello, Elizabeth tuvo su público, y tuvo, a su escala, un gran éxito, y es por ello que ahora, nos llega su segunda parte.

Esta Elizabeth. La edad de oro cuenta la historia de una época, la historia de la lucha de una mujer para controlar el amor, aplastar a sus enemigos y asegurarse su posición como icono del mundo occidental. La reina Isabel I de Inglaterra debe hacer frente a traiciones en el mismo seno de su familia y a intentos de hacerse con el trono. La reina es consciente del cambio religioso que se inició en el siglo XVI por toda Europa, y es por ello que el poderoso rey del imperio español Felipe II quiere instaurar el catolicismo en Inglaterra por la fuerza si es necesario, utilizando su invicta armada y ejército. Mientras, la reina debe mantener el equilibrio justo entre sus deberes como reina y su amor por Sir Walter Raleigh, un plebeyo que no es digno del amor de una reina.

Sin haber visto el primer acercamiento del director a la reina Elizabeth, me encuentro con un territorio inexplorado para mí, algo que puede resultar favorable, o no. La película ahonda desde la perspectiva más humana que puede en el personaje de la poderosa reina de Inglaterra, que tiene que enfrentarse a la pesada carga de ser uno de los pilares políticos de la Europa del siglo XVI, un papel nada fácil en aquellos tiempos. La historia intenta demostrarnos los dilemas y las difíciles decisiones que se tomaban en su corte, y acercarnos a la reina más humana, además de a la reina pública, aquella que todo el pueblo rinde pleitesía. Todo ello interpretado por una magnífica Cate Blanchett, que, sinceramente, todo lo que hace lo borda.

Resulta particularmente curioso observar al Imperio español como el malo de la película. Estamos acostumbrados a que los villanos de las historias sean los más atractivos, y, a pesar de que las tremendas labores de vestuario y maquillaje se encargan de que sea una película tremendamente colorista y atractiva, se observan una serie de fastuosos detalles en el bando español que nos hace herederos de los más singulares villanos todopoderosos del cómic. Lástima que en la caracterización de Felipe II, interpretado por el español Jordi Mollà, hayan querido acentuar su artrosis, pues, aunque es realmente fiel a lo que la historia nos cuenta sobre el monarca, dota de una singular e innecesaria comicidad al personaje.

El resto del reparto es brillante, Geoffrey Rush prosigue en su línea, Samantha Morton siempre ha sido una actriz tremendamente efectiva, y aquí no lo es menos, pero el gran descubrimiento es Rhys Ifans, cuasi encasillado en papeles de colega enrrollado secundario en las comedias inglesas de los últimos años por las que ha saltado a la fama, aquí nos da una impecable interpretación de un jesuíta inquisidor con una sangre fría que deja helado.

En el aspecto técnico, y por lo que he podido leer y escuchar de la anterior película, se parece bastante. Creo que ya tenemos candidata a las categorías de Maquillaje, Vestuario, Fotografía y Actriz Principal en los Premios Oscar de este año. Quizá sea arriesgado, pero es la sensación que tuve durante toda la película. Los vestidos son tremendamente barrocos, coloridos y espectaculares; el maquillaje absolutamente impecable y la fotografía es muy luminosa y preciosista. La dirección es correcta, sin más. En definitiva, y a pesar de sus carencias de ritmo en algún pasaje, una película absolutamente recomendable.

Autor: Pablo Lopez

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