El valor de una sonrisa

‘Sonríele a la vida, porque entonces ella te sonreirá a ti.’

¿Te has preguntado alguna vez en lo primero que te fijas cuando acabas de conocer a una persona? Tal vez en su look, su mirada, los zapatos… ¿Te has sentido atraída por la sonrisa de alguien a simple vista? Si te paras a pensar seguro que te ha sucedido en más de una ocasión.

Aunque seguro que también has descartado a muchas personas por su cara larga y mal talante. A nadie le gusta estar al lado de una persona que todo el día riñe, que todo le parece mal y que la queja es un hábito para ella.

Actualmente en las grandes ciudades las personas caminamos deprisa, mirando al suelo, dándole vueltas a nuestros problemas y poniéndonos en el centro de toda situación; guardando así nuestro interior y esquivando a todo aquél que se cruce en nuestro camino.

Tendemos a proteger nuestra intimidad en exceso, nos da miedo exteriorizar y por lo tanto evitamos inconscientemente nuestro enriquecimiento personal. Sólo cuando uno se abre a los demás, cuando sale de su yo para darse al prójimo empiezas a enriquecerte, empiezas a sonreír y sin querer estás diciendo a los demás ‘me caes bien’.

¿Dónde aprendemos a sonreír?

Ser alegre y sonriente es una actitud ante la vida, ante los demás, pero sobre todo ante nosotros mismos y nuestras circunstancias. Uno puede nacer con un temperamento más o menos extrovertido, pero a sonreír ante la vida se aprende.

Dónde, os preguntaréis, pues en el seno familiar. Para todos nosotros es una gran fuente de ejemplo en todos los campos. Se aprende a aprender, aceptar a los otros tal cual son, a sacar lo mejor de los que nos rodean, a interesarse por todo y por todos, en una palabra se aprende a sonreír.

A parte de estos aspectos, es fundamental que la familia sepa educar la voluntad de los suyos, así como también inculcar los cuatro niveles de uso de la libertad de cada uno. Sólo así uno conseguirá establecer unos sólidos cimientos para crecer en alegría y felicidad ante las dificultades de la vida.

Campo afectivo: La sensiblería es mala en la educación porque hace a los hijos débiles para afrontar los obstáculos. No se les han de evitar las dificultades; al contrario, hay que enfrentarlos con dificultades a su medida. Entusiasmarse ante la posibilidad de saltar pequeños obstáculos. Piensa en lo importante que es saber sonreír ante lo que cuesta. Parece que cuando uno ríe ante aquello que más le cuesta, el problema parece no ser tan problema y la preocupación se desinfla sin más.

Amistad: La amistad se crea si primero se blinda, si existe un interés de los unos por los otros. Y qué mejor lugar para empezar a cultivarla que en la familia. Es el lugar donde uno se siente libre, se siente uno mismo, te entregas a los demás, te olvidas de ti para darte a los tuyos.

Respeto: Implica cariño y respeto profundo por el carácter de los otros miembros de la familia. La familia es el lugar en donde se nos acepta sin condición alguna. Se acepta a la persona por lo que es, sin miramiento alguno. Por este motivo, nos preguntamos ¿Cuál es el valor de la sonrisa para aquellos que nos rodean? Cuando dedicamos una sonrisa a alguien le estamos diciendo que la aceptamos, le estamos abriendo las puertas de nuestro corazón.

En la familia se aprende amar. En la familia se conoce el amor desinteresado, la generosidad, el optimismo, el hábito de compartir las penas y las alegrías. En casa se adquieren los buenos hábitos. Lo que destruye nuestra alegría es la falta de dedicación de tiempo a los demás.

La sonrisa es un fenómeno humano de sorprendente riqueza. Es una actitud que debe ser forjada de dentro a fuera, una actitud que conlleva un trabajo de fondo, que tal como hemos visto debe tener una base en la educación recibida en casa por parte de nuestra familia.

La alegría no es fruto de una situación que nos haga gracia, o la amista ‘espontánea’ con una persona. La alegría es una virtud, y como tal hay que trabajarla, hay que establecer unas bases para que forme parte de nuestras vidas como un elemento más.

Proponte sonreír aquella persona que no te cae bien, en aquella situación donde tirarías la toalla, cuando llueve y no llevas paraguas, cuando tu marido se enfada por una chorrada… Si consigues aprender a sonreír ante las circunstancias adversas, te parecerá que lo que era una montaña se transforma en un sendero plano, que lo que antes era bruma y tempestad de repente es luz.

Autor: Elena Del Valle

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