El síndrome de la pareja enferma: descubre si lo padecéis

Sorprender, divertir y seducir son ingredientes básicos para que una relación funcione, pero a veces las parejas «enferman» y todo eso deja de suceder como antes. Entonces hay que tomar la temperatura al problema, realizar un diagnóstico y administrar la fórmula de «primeros auxilios» adecuada.

El aguerrido Napoleón Bonaparte afirmaba que el amor no era más que «una tontería hecha entre dos», pero más allá de esta visión superficial, el mundo de las emociones es un complejo laberinto y a veces, sin darnos cuenta, nos podemos perder en él. A veces se entra en una espiral donde cualquier pequeño problema crece y crece si no sabemos afrontarlo. ¡Que no cunda el pánico! Casi todas los enfermedades de pareja poseen su tratamiento, y siempre es mejor prevenir que curar.

Un laberinto de desajustes por detectar
Los desajustes asociados que pueden provocar la insatisfacción y malestar de la vida en pareja son muchos y de muy variada naturaleza, y lo común es que las personas que los padecen identifiquen que algo no anda bien demasiado tarde, mientras pierden un tiempo valiosísimo mirando a su pareja como una persona que tiene que cambiar.

Pero esto sólo empeora las cosas, y en realidad lo que hay que hacer es detectarlo cuanto antes, aceptar los problemas de un modo generoso y tomar cartas en el asunto. Cuanto antes. Porque como recuerda desde el primer momento la psicóloga Carmen Cuenca, «el psicólogo ayuda, pero el primer esfuerzo corresponde a la pareja».

Teresa Vaquero, responsable de terapias de pareja de Grupo Luria, añade que a veces dejamos pasar demasiado tiempo los aparentemente pequeños problemas: «Cuando hagas balance de tu relación y haya más pérdidas que ganancias o cada vez os sintáis menos felices y satisfechos, necesitáis un cambio y esto suele ser cosa de dos. Comunicarlo es el primer paso para buscar soluciones, si no sabéis qué pasos dar un buen profesional os podrá orientar.»

Siento que ya no me quiere como antes

Falta de comunicación, pequeños reproches, rutina… Vuestras conversaciones sobre temas cotidianos resultan más irritantes que una alergia y cualquier tema a tratar se convierte en un concurso de réplicas. ¡Atención!: es esencial que re-aprendáis a comunicaros. Y es cierto que, entre las ocupaciones cotidianas, es difícil encontrar tiempo para preguntarse qué ha pasado con la confianza y la felicidad, y mucho menos para afrontar la tarea de reavivarla, y puede que nos resignemos. Sin embargo, los buenos sentimientos no tienen por qué desaparecer si sabemos profundizar en la relación y hacerla crecer. Lo que necesitamos es considerar la vida en pareja en todo su conjunto como algo tan imprescindible y urgente como el resto de prioridades de nuestra agenda.

El diagnóstico: comunicarse es un camino de dos direcciones
Muchas veces los problemas aparecen por falta de tiempo, por dejadez o por cansancio. Él abandona la ropa tirada en el suelo, no levanta la tapa del inodoro, pasa la velada acaparando el mando a distancia mientras ella recoge los platos de la cena o se olvida de felicitarla por su cumpleaños. O ella se va de compras por norma cada fin de semana sin él, se encierra en el cuarto de baño durante horas cada vez que tienen una cena fuera o, cuando llega la noche comienza a sufrir un fuertísimo dolor de cabeza.

Algo no funciona, pero no lográis averiguar por qué… Y sí, quizás cada uno piensa que el otro hace cosas que dañan la relación y queréis continuar reprochándoos vuestros comportamientos, pero deberíais ir más allá. La relación es cosa de dos, pero de dos que suman.

El tratamiento: valorar y potenciar los pequeños detalles
Empezad por revisar cómo os comunicáis y a qué se deben estas rutinas negativas. Una buena comunicación es la diferencia entre los grandes problemas y los pequeños malentendidos. Todo tiene una solución si es comunicado, sobre todo si se pone suma atención a las demandas mutuas, y un pequeño respiro al día beneficia el equilibrio psíquico y permite un mayor auto conocimiento.

Poco a poco hay que aprender a manifestar lo que es molesto pero también se debe interiorizar lo que el otro dice y saber escuchar para conocernos y comprendernos y, por tanto, amarnos. ¿Y si en vez de quejarte y lamentarte te pones manos a la obra y pruebas con aplicar actitudes positivas?

¿Y cómo vamos a valorar los pequeños detalles?
Los momentos de relación diarios, que pasan casi inadvertidos, ofrecen enormes posibilidades de intimidad y complicidad, pues esas atenciones –actos simples como leer el periódico juntos, responder a los comentarios con cariño-, cumplen el cometido esencial de subrayar el compromiso y la pasión.

Para empezar, cada uno elaborará su lista de diez momentos que considera importantes a lo largo de la jornada sobre «prestar atención al otro»; por la noche, los comentaréis –y puede ser una tierna sorpresa averiguar así qué es lo que el otro valora y poder expresar nuestros pequeños deseos- y podréis contrastarlos, argumentarlos y, si es necesario, negociarlos para que la relación mejore. La clave es saber explicarle al otro cuáles son las necesidades puntuales sin esperar que el otro adivine.

Eso sí: todo debe ser en igualdad de condiciones, y correspondido. Conversad y deciros lo que esperáis, y no os limitéis a la hora de ser imaginativos. ¿Qué tal ducharos juntos de vez en cuando? ¿o quedar para tomar una cerveza antes de llegar a casa, en vez de ir cada uno por su lado?

Kit de primeros auxilios
1. Por lo menos un día a la semana, regálale toda tu atención a tu pareja.

2. Concéntrate con interés en lo que desee contarte de sus actividades individuales.

3. Evitad el aburrimiento. En la vida de pareja tiene que haber proyectos, ilusiones, variedad, sentido del humor, diversión, vida social.

4. Sonríe siempre que te acuerdes: atraerás sus “buenas intenciones” y le harás sentir muy bien a tu lado. La alegría y el buen humor son fundamentales para que a tu pareja le guste estar contigo.

5. Hazle cumplidos, dile lo que te gusta, comenta que te ha parecido interesante algo que ha dicho, sé detallista, etc.

6. Cuando hace algo que te desagrada, trata de buscar un aspecto de esa conducta que sí te gusta. Por ejemplo, si se enfada por norma con el camarero, puedes decirle que aprecias su interés y su esfuerzo, y luego dile lo que te molesta de esa conducta y sugiérele otras alternativas.

7. Y si eres tú la que se enfada, sé más comprensiva y deja de hacer de fiscal, ¡no es nada atractivo!

Autor: Juan Garcia Ruiz

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