El mito de la decisión correcta

Tomar decisiones en ocasiones se convierte en un quebradero de cabeza que provoca mucha tensión e inseguridad. ¿Cómo puedo elegir bien? ¡Hay tantas alternativas! Es tan importante esta decisión que no puedo equivocarme… sería terrible.

El proceso de toma de decisiones se ha estudiado desde múltiples enfoques con el fin de crear la mejor técnica que nos garantice tomar la mejor decisión posible y reducir las equivocaciones. Es tal nuestro afán por no cometer errores, que cuanto más importante es la decisión, más bloqueados nos sentimos y menos decidimos. Entramos en un bucle en el que valoramos unas opciones, luego otras…para finalmente volver a empezar y repasar nuestro razonamiento una y otra vez.

Uno de los métodos más utilizados para decidir es valorar las consecuencias positivas y negativas a corto, medio y largo plazo de cada una de las opciones. La idea es generar muchas consecuencias positivas y negativas, estudiar la gravedad en cada una de ellas y situarnos en diferentes escenarios posibles. Reconozco que trabajando con esta herramienta, en mi consulta he ayudado a muchas personas a tomar decisiones, es más, sea cual sea el problema, al final nuestros pacientes han de tomar alguna decisión por lo que los psicólogos lo vemos mucho.

Vamos a ver las principales dificultades a la hora de tomar decisiones:

  • La primera dificultad consiste en pensar que hay una decisión correcta. ¡Pues vaya gracia! Resulta que llevamos horas, días, meses o años con una idea rondando nuestra mente que no llegamos a poner en marcha porque quizá no sea la mejor decisión. Si reflexionamos un momento sobre esto, nos daremos cuenta que tomemos la decisión que tomemos, vamos a encontrarnos con aspectos positivos y negativos, igual que antes de tomar la decisión. Podemos tratar de convencernos de que hemos elegido lo correcto, pero realmente no sabemos lo que hubiera ocurrido al tomar otra alternativa. De hecho, como suelo decir en mis artículos, la actitud es fundamental. Hay personas más optimistas que pensarán que han elegido bien y gente pesimista que se lamentarán… ¡tomen la decisión que tomen!. La imposición de tomar la decisión correcta se convierte en tan trascendental que va a hacer que nos preguntemos si nuestra decisión ha sido la acertada.
  • Cuando alguien tiene problemas para tomar una decisión suele ser porque considera que si elige la decisión correcta será garantía de felicidad, mientras que si se equivoca estará condenado ¡de por vida! Y se lamentará siempre por haberse equivocado. Esto es un error del que únicamente podíamos salir si fuéramos capaces de ver a través de una bola de cristal cómo sería nuestro futuro en función de las alternativas. Hasta que eso no llegue, siempre tendremos la duda.
  • Antes de continuar quiero aclarar que si hay un problema a la hora de tomar decisiones es porque nos enfrentamos a alternativas que nos hacen dudar. No se trata de que alguien nos dé a elegir entre 1 euro o 100. Está claro que en esa situación no tendríamos problemas para decidir. Precisamente lo que dificulta el proceso de toma de decisiones es que cuando hemos hecho la valoración de aspectos positivos y negativos, hay varias opciones que están muy igualadas. Continuar con el matrimonio o dejarlo, estudiar o trabajar, comprar o alquilar, tener hijos o no tenerlos, ir de viaje con la pareja o con los amigos, salir con alguna persona nueva y excitante o con alguien ya conocido, seguro y con ciertas garantías de diversión, seguir con mi trabajo o arriesgarme a montar el negocio soñado… ¿Cuáles son las vuestras?

En realidad, la situación se complica porque no siempre se trata de elegir entre dos opciones, sino que el abanico de alternativas puede ser infinito. Voy a compartir mi propuesta antes de tomar ninguna decisión, para muchas de vosotras puede resultar novedosa, pero creo que funciona.

En primer lugar, es conveniente pensar que elijamos lo que elijamos podremos encontrar la manera de ser felices. Si decidimos seguir con nuestra pareja podemos intentar estar bien y quitarnos de la cabeza a otras personas, pero también podemos intentar algo nuevo con alguien sin mirar atrás y poner toda la carne en el asador para conseguir que funcione. ¿Y si no funciona? Pues mala suerte, tampoco pasa nada terrible. Ya volveremos a conocer a alguien si nos apetece, o trataremos de reconquistar a nuestra pareja anterior si todavía tenemos ganas.

La clave para elegir es darnos cuenta que ninguna decisión de las que normalmente llevamos a cabo es realmente importante en la vida. Si estudiamos perfecto, si trabajamos también, si alquilamos muy bien, si compramos también… no pensemos que se trata de decisiones de vida o muerte, lo bueno es que no tiene tanta importancia, el mundo seguirá.

No sabemos lo que va a ocurrir de modo que puestos a elegir, hagamos lo que más nos apetece. Podemos elegir con la cabeza, con el corazón y hasta ¡al azar! En muchas decisiones tendremos la sensación de equivocarnos y en otras tantas pensaremos que han sido geniales. Pero la vida avanza y nos presentará nuevas alternativas, lo peor que podemos hacer es no tomar ninguna decisión por miedo. De hecho, si no tomamos ninguna decisión… estamos decidiendo no decidir.

Si queremos llevar una vida más conservadora e ir a lo seguro, no viviremos una vida apasionante pero quizá sí más tranquila. Si tomamos la opción más arriesgada nos llenará de motivación y de sensaciones intensas. Podemos incluso variar nuestro método típico de elegir, por probar. Pero para mí lo primero es siempre quitarle tanta importancia a la decisión. Primero porque no la tiene, y segundo porque sin presión llegaremos a elegir realmente lo que más nos apetece y nos motiva, eso será importante cuando tengamos que saltar los obstáculos que aparezcan por el camino.

Decidid bien o mal, a lo loco o con listas interminables, pero hacedlo, porque la vida no es como un partido de baloncesto. No se para el cronómetro hasta que tomemos «la mejor decisión».

*Raúl Gutiérrez es psicólogo y autor del libro Autoestima, habilidades sociales y asertividad.

Imagen: Corbis Images

Autor: Raúl Gutiérrez

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