El lastre cultural del género

En pleno siglo XXI la cuestión del género sigue siendo un motivo de peso para tener más o menos éxito en la vida, al menos, en cuanto a lo laboral se refiere. Vemos a diario en los medios de comunicación como el triunfo y el poder sigue vistiéndose con traje y corbata; políticos, investigadores, empresarios, deportistas…

Y no es porque únicamente los hombres sean capaces de destacar en aquello a lo que se dedican, sino porque a las mujeres no se les dan las mismas oportunidades. Se las sigue considerando el sexo débil sin motivo aparente y se las infravalora de forma automática por ello. Y no solo eso, la visibilidad de las que consiguen triunfar que relegada a un segundo plano.

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La sociedad no es capaz, por ejemplo, de jalear a las vencedoras de un mundial de fútbol cuando la selección española es la femenina, es más, se les presta tan poca atención que pocas personas que no sean su círculo se enterarán de su victoria.
Sin embargo el simple hecho de que el equipo esté compuesto por hombres multiplica por mil su repercusión.

La discriminación de género, por desgracia, sigue estando muy presente a día de hoy, y aunque más acusada contra la mujer, los hombres que se salen de lo culturalmente establecido también se llevan su parte.

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A una niña a la que desde pequeña le guste la automoción, rara vez se la apoyará y se la animará a pilotar coches o motos, como se haría en el caso de que fuera un niño. Pero por la otra parte, a un niño al que le guste la danza tampoco se le facilitará su incursión en dicho ámbito artístico, por considerarla una actividad poco masculina.

Es lamentable ver como la cultura llega a encasillarnos a través de las relaciones de género y limita nuestras posibilidades de vivir y ser lo que se nos antoje.

Los roles de género deberían quedar en el olvido. Solo así se conseguiría una sociedad en la que nacer con o sin miembro no limitaría las opciones de juego, desde el inicio de la partida.

Imágenes: Google images

Autor: Nuria Campín

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