Día de la Mujer: 5 expresiones que suman y 5 que restan

 

5 expresiones qué suman a la mujer y 5 qué restan. 

Se acerca el día de la Mujer y la lengua sigue teniendo expresiones totalmente machistas. 

 

Menspreading.

Este concepto hace referencia a la manera de sentarse de algunos hombres, especialmente en el transporte público, llegando a ocupar espacio de los asientos adyacentes y pudiendo incomodar a los demás viajeros.

Aunque su forma inglesa es la más utilizada, una forma de adaptación al español es “despatarre masculino”.

Mansplaining.

Otro anglicismo que forma parte del discurso feminista es este.

Se refiere al hábito masculino de explicar cosas a las mujeres, generalmente con un tono condescendiente e independientemente de si conoce o no el tema que se está tratando.

 

En otras palabras, se puede traducir como el empeño de los hombres por llevar las riendas de la conversación.

Androcentrismo.

La RAE registra este concepto como “visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino”.

Seguro que si echas la vista atrás a tus clases de historia te costará reconocer a personajes femeninos o, si llegas a identificar alguna mujer, las ubicarás en un contexto en el que domina la presencia masculina.

 

Con esta definición se puede tomar conciencia de la situación en pro de la paridad.

 

 

 

Sororidad.

Esta palabra también figura en la RAE desde el pasado 21 de diciembre como:

“relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”.

 

El concepto alude al empeño en la consecución de un mismo objetivo que, en este caso, es la igualdad.

Purplewashing.

Este anglicismo aparece en el discurso feminista para hacer referencia a la promoción por parte de diferentes organismos.

Ya sean instituciones públicas, empresas o personas, de su compromiso por la igualdad, abarcando una serie de acciones o estrategias.

Su traducción literal es “blanqueamiento morado” y se emplea frecuentemente para aludir un lavado de imagen.

 

 

La lengua también puede ser machista.

La otra cara de la moneda es, precisamente, el machismo presente en la lengua.  

A colación del concepto de patriarcado, los expertos de la aplicación de idiomas Babbel, que cuenta con más de 150 lingüistas de más de 15 países, apuntan a una serie de términos en los que se ve reflejada la sociedad patriarcal.

Coñazo.

Palabra derivada de “coño”, que hace referencia a los genitales femeninos.

La RAE la define como “persona o cosa latosa, insoportable”.

 

Por el contrario, algo “cojonudo” según la academia de la lengua es algo “estupendo, magnífico, excelente”.

Basta con comparar estas dos acepciones para percibir las diferentes connotaciones según el origen masculino o femenino de los términos.

Histérica.

En la Grecia Clásica, Hipócrates, conocido como uno de los padres de la medicina, tenía una teoría: el útero, cuando está “frustrado”, vaga por el cuerpo.

El órgano era el culpable de síntomas como la irritación, las palpitaciones o la ansiedad.

A ese estado físico y mental se le llamó “histeria”, del griego hystéra, que quiere decir vientre.

 

A día de hoy, ser mujer y atreverse a desobedecer un determinado patrón social es motivo para ser tachada de “histérica”.

Insultos que, por el contrario raramente son usados para hombres.

 

Bruja.

Desde los tiempos de Juana de Arco, las mujeres que no cumplían con los roles sociales impuestos, eran consideradas brujas.

Actualmente, el término continúa teniendo tintes machistas y esta palabra se utiliza para hacer referencia a las mujeres fuera del patrón estético.

 

Normalmente, se emplea con mujeres viejas, como si el envejecimiento femenino fuese maléfico.

La RAE continúa recogiendo acepciones como “mujer de aspecto repulsivo” o “mujer malvada”.

Zorra.

Coloquialmente, se entiende “zorra” como sinónimo de prostituta, mientras que el masculino, “zorro”, como hombre astuto.

 

Bien es cierto que en la RAE la palabra ya figura como “zorro/rra: Persona muy taimada, astuta y solapada”.

Pero esta dicotomía ocurre también en otras lenguas como el alemán, en la que schlampe significa “puta” y schamper, su equivalencia en masculino, hace referencia a alguien que es desorganizado.

Mujer pública.

En este caso, en la RAE continúa apareciendo esta acepción como sinónimo de “prostituta”.

A diferencia de “hombre público”, que se reconoce como alguien que tiene presencia e influjo en la vida social”.

 

Un ejemplo más de cómo varía el significado de una palabra, en este caso acompañado por el mismo adjetivo, en función de su género.

 

 

 

 

Imágenes: Pinterest

Autor: Andrea Pascual

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