Verdades y mentiras de la vitrificación de óvulos

 

Vitrificación de óvulos

 

La pandemia sí ha cambiado a algunas personas, o, por lo menos, ha modificado el orden de su lista de prioridades. Muchas mujeres que antes de marzo de 2020 no habían tomado una decisión sobre la maternidad en su vida, han decidido, quizá impulsadas por la incertidumbre ante el estado futuro de su propia salud, darle una oportunidad. ¿Cómo? Mediante la vitrificación de óvulos, una técnica de reproducción asistida que permite ser “madre en diferido”. Más claro: que consiste en la extracción y congelación de los óvulos femeninos cuando todavía son aptos para conseguir el embarazo. Pasado el tiempo, cuando la mujer ha tomado la decisión de abordar su maternidad, dichos óvulos son fecundados en el laboratorio y posteriormente implantados en el útero para lograr el embarazo.

 

La vitrificación de óvulos ha incrementado su demanda en los últimos seis meses, tanto de información, como de realización del propio tratamiento.

 

Los datos más recientes para tranquilizar a quienes estén interesados en someterse a este tratamiento de reproducción asistida llegan desde el British Journal. Según esta prestigiosa publicación médica, y basándose en un estudio realizado en cerca de 500 mujeres europeas, entre ellas españolas, la congelación y posterior implantación del embrión no incide en posibles complicaciones que puedan afectar a la salud del bebé. La única diferencia apreciable entre los nacidos mediante embarazo natural e in vitro tras la congelación de los óvulos radica en el peso del niño, que aguanta más en el útero materno. Los bebés nacidos sin TRA, presentan, en cambio, mayor riesgo de nacimiento prematuro.

 

Sobre el éxito del embarazo, el British Journal concluye asimismo que no se observan diferencias entre las gestaciones en fresco y las logradas tras este tratamiento de fertilidad.

 

A estos dos datos tranquilizadores, hay que sumar una aclaración en torno a los riesgos de salud para la madre y el bebé asociados a este procedimiento. Es absolutamente falso que se haya demostrado en la larga vida de este tratamiento nada al respecto. Los niños nacidos tras una vitrificación de óvulos y las madres no presentan ninguna diferencia con el resto.

 

 

Con estas tres claves  queremos tranquilizar a todas aquellas personas que están demandando información durante estos meses ya de por sí plagados de incógnitas, incertidumbre y estrés asociado a la salud y también a las condiciones sociolaborales.

 

Este último aspecto es, precisamente, lo que impulsa a muchas mujeres a postergar la decisión de ser madre. A pesar del deseo de formar una familia o de ser madre soltera, no se dan las condiciones de entorno protegido para el bebé. Sin embargo, no hay que confundir retrasar la maternidad con retrasar la vitrificación, puesto que los óvulos presentarán mayor calidad para la reproducción cuanto más joven sea la mujer.

 

Se desmiente así el gran mito asociado a este tratamiento. No, la vitrificación no es para mujeres de más de 35.  Si se congelan los óvulos a partir de esta edad, se reducirán considerablemente las posibilidades de lograr el embarazo. La preservación debe realizarse cuanto antes mejor, siendo de los 20 a los 27 la edad ideal.

 

Esperar demasiado para descongelarlos y proceder a su fecundación in vitro tampoco es lo oportuno. A pesar de que el ejemplo conocido es el de algunas famosas maduras que dan a luz pasados los 40, las recomendaciones sanitarias desaconsejan hacerlo más allá de los 42-43 años, sobre todo por cuestiones relacionadas con la salud y futura crianza del bebé.

 

Por último, y respondiendo a una cuestión muy comentada y sobre la que se solicita mucha información en las clínicas, los profesionales de la salud reproductiva recuerdan que en el ámbito   privado se puede acceder a este tratamiento gracias a la importante democratización que ha vivido el sector.  Promociones y diversos planes de financiación han acercado las técnicas para luchar contra la infertilidad a un amplísimo sector de la población.

 

 

 

 

 

Fulvia Mancini es directora médica de Clínicas Eva

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