¿Tendría que servir para ‘algo’ estar en pareja?

Quizá te parezca una pregunta fuera de lugar. “¿Es que tiene que servir para algo estar en pareja?”. A priori, desde luego, no. O al menos no debería considerarse el amor en plan utilitario. Pero no hay duda que estar en pareja nos puede servir, y para mucho.

Cuando entramos en un entorno de intimidad afectiva, como es el de la pareja, estamos viendo al otro pero a la vez nos estamos observando a nosotros mismos: a las elecciones que hacemos, si son acertadas o no; a nuestra capacidad para no prolongar innecesariamente situaciones que no dan más de sí; a nuestras reacciones ante situaciones determinadas, si son las más apropiadas o si carecemos de habilidades para afrontarlas adecuadamente; a nuestros gustos y preferencias, para determinar qué cosas son las que aguantamos hasta cierto límite, pero que definitivamente no queremos vivir en nuestra intimidad; a la capacidad que tenemos para expresarlo y ser asertivos; a nuestros patrones de sumisión, miedo, prepotencia y grado de tolerancia… ¿Seguimos? Podríamos estar así hasta el infinito, pues lo que vivimos en nuestras relaciones nos habla, principalmente, de nosotros.

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Las relaciones afectivas además nos brindan la oportunidad de afinarnos en el sutil arte de la reciprocidad. Seguro que os resultará familiar la persona que está acostumbrada e incluso exige recibir de manera continuada, sin dar nada a cambio. Pero también hay mucha gente, normalmente la que está siempre dando, a la que le cuesta mucho recibir. Cuando lo hace, se siente mal o culpable, o piensa que no merece que el otro le de nada, pues todo lo hace con amor incondicional. Sin embargo, una pareja en la que no existe un equilibrio sano, en el que ambos dan y reciben de manera satisfactoriamente recíproca, no garantiza la felicidad y el bienestar de ambos.

La relación de pareja pone también a prueba nuestra capacidad para compartir. Y no hablamos solamente de dinero, sino también de espacio, tiempo e ilusiones. En definitiva hablamos de la vida. Esto nos supondrá tener que adaptarnos, negociar, corregir y aprender todo lo que haga falta hasta que seamos capaces de hacer que nuestra relación se desarrolle en todo su potencial, y nosotros con ella.

Cuando estamos con alguien a quien queremos, lo cuidamos y lo valoramos. Pero hemos de estar atentos a recibir esa valoración y cuidado. Los afectos son el material más sensible de nuestro organismo, donde más fácil resulta dañar o ser dañados y tenemos que ser muy hábiles para que las situaciones delicadas resulten en operaciones de éxito en las que, lejos de quedar el poso del resentimiento, quede el agradecimiento por la delicadeza con la que se trataron ciertos temas que exigían lo mejor de ambas partes.

Lo que aprendemos en pareja, y sólo en pareja, determina no solamente la calidad de nuestras relaciones afectivas, sino también de nuestra propia experiencia vital. Ya sabes lo que dicen los estudios: también alarga la vida.


milaMila Cahue es la autora del libro “Amor del Bueno”, primero de la colección “Tu Vida en Positivo”, editado por JdJ Editores y Actitud de Comunicación. Es Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y especializada en relaciones de pareja en el Centro de Psicología Álava Reyes.

 

 

 

Imágenes:

Autor: Mila Cahue

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