Terminé de incorporarme y.
Y empujé su cabeza con rabia.
Justo en aquel momento, él me asió por la cintura.
Se levantó (ya dije que estaba de rodillas en el suelo frente a mi) y a su vez me levantó a mi.
Me movió de lugar y me planto sobre el miembro de mi hermano.
Un brusquísimo dolorsacudió mi culo.
El peso de mi cuerpo hacía que casi sin pausa me deslizase hacia abajo y que aquel enorme “aparato” de Albert me penetrase, desgarrándome viva.
Mis nervios notaban cada milímetro que me introducía.
Estaba atenazada, rígida y sin aliento.
El dolor era enorme, pero, como podré explicarlo.
No me molestaba.
Sentí como su pene entraba ya, tras dejar mi destrozadísimo músculo, dentro de mi culo, y continuaba entrando y entrando.
Unas gruesas lágrimas salían de mis ojos y por el cuello y entre mis pechos corrían hilos de sudor.
Intenté salir de mi agarrotamiento y reaccionar.
Luca estaba frente a mi.
Ahora me asía por los hombros, empujándome hacia abajo.
Yo había mantenido, inútilmente, mis puños sobre la cama intentando hacer fuerza para evitar la penetración.
Ya era en vano, puesto que Albert estaba totalmente dentro de mí, así que intenté jugar a mi favor.
Quería saber que ocultaba aquel pantalón negro y solté una de mis manos hacia la entrepierna de Luca.
¿Dios, qué era aquello que palpaba ?
¿Podía ser cierto ?
Lo era.
Un miembro más cercano a los 30 cms que no a los 20 (Luego he sabido que son 28) y de un enorme grosor (el perímetro de su glande es de 19 cms), bajaba por su pernera izquierda.
Tiré de él hacia mi y, por fin, Luca se desprendió, rápido, de su pantalón y de su calzón boxer.
Su aparato se lanzó erguido hacia mi cara y mi boca fué tras él.
Poco o nada pude hacer, ya que me desencajaba lamandíbula y las arcadas revolvían mi estomago.
Me faltaba mucho aprendizaje para tragarme "aquello" como lo hago hoy en día.
Luca se percató de ello y me tumbó sobre el cuerpo de mi hermano.
Bajósu cabeza y empezó a chuparle los testículos.
Yo le dejé hacer, porque entendí que lo hacía por mi bien, ya que Albert, al sentir la presen- cia de Luca, se "crecía", desgarrándome aún más, pero haciéndome estallar una vez más de placer.
Luego dirigió una vez más su boca hacia mi “rinconcito” y poco o nada tardó en venir no recuerdo si era el 5º ó 6º orgasmo.
Se levantó.
Puso sus dedos en forma de piña y los introdujo en mi boca.
Los sacó húmedos por mi saliva y sin deshacer la forma de piña, introdujo toda su mano en el culo de Albert.
Fué el toque final.
El sexo de mi hermano rasgó hasta el último de mis tejidos y alcanzó su máximo tamaño.
Mientras el enorme miembro de Luca se abalanzaba sobre mi sexo iniciando su andadura.
Apenas me había metido 6 ó 7 cms, con un dolor superior al que había sentido antes, se retiró y con la punta empezó a acariciar mi clítoris, para pasar después a embestirlo como si de una lucha se tratase.
Me lo empujaba con furia y lo hundía hacia dentro.
Esta vez mi corrida fué tan espectacular que salpiqué fuera de mi sexo, cual si de una meada se tratase.
Salía a pequeños chorritos y las piernas de Luca quedaron salpicadas y sus pelos pegados a la piel.
Al sentirme tan lubrificada, intentó nuevamente penetrarme.
Esta vez no hizo caso alguno de mis quejiditos y se lanzó hacia adentro como un loco.
El peso de su cuerpo hacía que aquella “espada” penetrase y cortara todo lo que se le plantaba ante ella.
Lo hacía, eso sí, poco a poco y.
Y llegó por fin a mi vagina.
Allí, como si de una aspiradora se tratara, un collarín de músculo que vibraba como las alas de un insecto le estaba esperando ansioso.
Mientras las manos de Luca iban desesperadamente de mis pechos a los testículos de Albert o su culo.
Yo, aunque casi no lo veía lo intuía por las fuertes embestidas que sentía dentro de mi culo.
Por fin Luca empezó a penetrar mi vagina.
Un lamento desgarrado salió de mi reseca garganta y mi amante se lanzó sobre mi boca llenándola de su saliva que actuaba como bálsamo refrecaste.
Dirijí mi mano a su miembro y me percaté que aún quedaba la mitad fuera.
Me asusté pero me propuse aguantar todo lo que pudiera.
Fué entonces cuando empezó a retirarse hacia atrás.
Yo me así a su precioso culo justo en el momento en que me embistió.
Entro a fondo, TODA.
Mis sienes, mi corazón, mi vagina, toda yo creimos estallar.
El dolor era enorme, enorme de verdad, pero el placer era mayor.
Volvió a sacarla y a embestirme, una, dos, no sé cuantas veces más.
Recuerdo que empezé a clavar mis uñas en su culo.
Recuerdo también que creí que caía por un precipicio sin fin y.
Y mi hermano Albert empezó a lanzar bocanadas de aliento sobre mi cogote.
Jadeaba como un loco cuando de pronto empezó a soltar su munición en mi culo.
Era como oro fundido, que quemaba, pero era precioso.
Notaba todos y cada uno de sus chorros con unaprecisión infinita.
Luca también empezó a echar su aliento en mi rostro, emitió algunos gemidos y fué justo entonces cuando su volcán rugió y entró en erupción.
Un manantial de lava estalló en mi interior.
Lava ardiente, explosiva, penetrante.
Notaba a mi hermano aún eyaculando en mi culo.
Una, otra, otra (sigue, sigue, pensaba yo en mi interior), cuando Luca inició sus cálidas expulsiones.
Mi vagina sentía una tras otra.
Más, más, más !!!
Ah !
No pude más.
Toda yo exploté en mil pedazos.
Si antes os hablé de mis sienes, de mi corazón, etc.
Ahora todo estalló.
Caí en un abismo.
Mi vientre explotó de dolor.
Mi sexo reventó de placer.
Mi cabeza se abrió como una sandía al caer al suelo.
En fin, que perdí el sentido.
Me desvanecí de placer y no sé cuanto tiempo estuve sin sentido.
Solo sé que mi cuerpo había caido hacia un lado, liberando a Albert de mi peso y que él y Luca se estaban besando cálidamente.
No me supo mal, ya que si dos caballeros se felicitan tras una lucha noble, ellos hacían lo mismo a su manera.
Como pude, me liberé del ya fláccido miembro de Albert y uní mi boca a las suyas.
Las tres lenguas se entrelazaron y un manantial de saliva acudió a refrescarme.
Era el paraiso !.
Mi hermano bajó hacia el culo de Luca y empezó a lamer las heridas que yo había causado con mis uñas.
El miembro de mi adorado, aún se estremecía dentro de mí, cuando Albert asío su raiz con la mano y empezó a retirarlo de mi interior.
A diferencia del suyo, el de Luca estaba aún enhiesto.
La boca de Albert intentó tragárselo y, tras 4 ó 5 arcadas, desistió de ello, empezando a lamerlo de la raiz hasta el extre mo.
Yo veía todo el flujo, espumeante, que mi sexo había dejado en aquel "aparato" y como mi hermano lo lamía dajándolo todo dentro de su boca.
No cejó hasta dejar limpísimo aquel tesoro y trayendo luegosu boca sobre la mía, me besó, devolviéndome lo que eramío.
Así supe como sabía aquel líquido que traía locos a los hombres ! Lo que mi hermano no soltaba era su mano del miembro de Luca.
Yo no quise ser menos y así con una de mis manitas aquel miembro maravilloso que aún no agachaba cabeza.
Mi otra mano se abalanzó sobre la mustia colgadura de Albert, que, como su de un flujo magnético se tratara, empezó a crecerse de forma rápida y acelerada.
Mi hermano me tumbó boca abajo, puso su cuerpo perpendicular al mío y volvió a embestirme por detrás.
Instantes después Luca hacía lo mismo con Albert, ocupando 45 grados entre ambos cuerpos y besando mi boca.
Intuí que aquel iba a ser un verano fabuloso y que, tras las vacaciones, Albert y yo podíamos tener muchos "recuerdos".
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