Relato Erótico
Mis labios saborearon cada rincón de su cuerpo desnudo. Los sabores y los olores; Los colores del erotismo.
Mi lengua jugueteó con sus pezones. Mis labios los pescaban traviesamente y ella jadeaba. Los chupé con suavidad primero, y con un poco de más fuerza después, cuando ella me lo pidió y yo ví cuánto era la fuerza que sus pechos resistían.
Sus pezones endurecidos me amamantaban. Ella me abrazaba la cabeza y jadeaba con emoción. Ella explotó en su segundo orgasmo.
Mi boca siguió el camino del amor. Entre sus pechos, su cuello, sus hombros, bajó por un pecho, mordió suavemente un pezón, luego por su ombligo, su cintura, sus piernas, la parte interna de sus piernas hasta llegar a su hermoso mechón, la entrada a su cueva del amor. Ella acercó su sexo a mi boca.
Mi lengua recorrió su sexo por fuera y poco a poco por dentro, de arriba a abajo, de abajo a arriba. Por su ranura, por la profunda línea del gozo máximo. Mis labios besaron los labios de su sexo. Ella disfrutaba.
Mi lengua detectó su botón en flor, su clítoris, la sintonía de su placer y del mío. Mis labios pescaban juguetonamente el centro de su flor, mi lengua acariciaba, rozaba, rodeaba y apretaba. Me retiraba un poco y de nuevo introducía un poco mi lengua. Mi lengua aleteaba, cosquilleaba y ella subía y subía, y me gozaba. Gimió de felicidad y tuvo su tercer orgasmo.
Nos entrelazamos en un abrazo y la protegí. Yo, todavía vestido. Ella sonreía.
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