Los primeros indicios de que algo estaba ocurriendo entre los dos, fueron las miradas cruzadas, en los almuerzos familiares, en la casa de mi amigo. Eran cortos segundos en que las miradas decían cosas, que sólo con el tiempo pudimos entender. Eso hizo que cada vez, mis pensamientos hacia ella, separaran el rol de mi joven y cordial amiga, por el de la mujer atractiva, que francamente era.
Las miradas silenciosas y cómplices, empezaron a llenarse de pequeños cuestionarios, coquetos, nerviosos, juguetones: ¿Qué miras?, ¿En qué piensas?, ¿Me ibas a decir algo?, ¿Tengo algo en la cara? La respuesta era del mismo tenor: nada, solo miraba; si, muchas cosas quiero decir, pero mas adelante... (silencio)... (Sonrisas).
Comencé a conocer sus horarios de trabajo . Sus visitas, sus gustos, empecé a estudiarla, su número de móvil me lo aprendí de memoria. Empezamos la etapa de los roces. De las rodillas debajo de la mesa, en especial aquella vez en que fuimos a un pub, con mi amigo y con mi ex esposa (Alicia), en una mesa pequeña y comencé a sentir que su rodilla empezó a quedarse en mi muslo, detenida y por momentos muy cálida... fue en ese mismo momento, cuando dijo a todos que le gustaba estar conmigo pues la hacia reír y relajarse. En esa noche, mis apetitos eróticos comenzaron con Nora... ...Hasta el día de hoy.
Hubo dos hechos, que ya no dejaron dudas, de que algo ocurría entre los dos. El primero fue, cuando la fui a dejar en mi coche, a la casa de unos amigos para una reunión. Entre otras banalidades, me explicó lo celoso que era su esposo y que incluso tenía celos de mí... ¿por qué? pregunté nervioso. Bueno, porque hablo mucho de ti. Incluso a mis amigas les comento como eres. En ese minuto, no quería dejar cabos sueltos. -¿Y como soy yo?-. - Para mí eres simplemente simpático-, comentó.
Al despedirnos, me abrazó y el beso fue en la comisura de mis labios. Pensé en tomarla y besarla, pero antes de hacer cualquier movimiento, ya se había bajado del auto. El segundo acto de este inicio, fue en casa de mi amigo. Ella se preparaba para salir y nosotros nos quedaríamos con su pequeño hijo (cada vez que lo hacia, mis celos subían. Bueno pues, en un momento, sin pensar, subí al baño del segundo piso... estaba la puerta abierta y ella en braguitas... una exquisita tanguita celeste. Sus glúteos hermosos y sus piernas firmes hicieron que mi mirada y mi rostro, se llenara de deseo, amor por tocarla y saborearla... puro sexo.
Ella, de espaldas a mí, me miraba por el espejo. Comenzó a sonreír, con complicidad, de esas que te calientan más. Me acerqué y le dije: "Estás muy buena, se mire por donde se mire". Soltó una carcajada y luego corrió a su cuarto y cerró la puerta.
Recuerdo unas vacaciones que ambos matrimonios compartimos.
Las coqueterías fueron cada vez de mayor osadía. No recuerdo fechas, tan solo momentos. Como aquel en que me levanté a mear y dejé la puerta entreabierta y luego de sentir una extraña sensación de sentirme observado, veo como me estaba mirando, al principio, con una mirada de extravío, para continuar con una leve sonrisa pícara y su rápida mirada a mi verga. Sus paseos en ropa interior o con pequeños pijamas, se hacían frecuentes, especialmente cuando Alicia no estaba.
Cada vez conversábamos mas rato. Salíamos a comprar cosas para casa. Nos llamábamos más seguido, desde nuestros trabajos. Empezaron los e-mails. El chat también. El tema era la soledad en que estaba, a pesar de tener marido.
Me acercaba a temas límites. Como cuando mencionaba su insatisfacción sexual. Que cada vez tenía menos sexo, con su pareja. La inducía a que se relajara, que jugara con su cuerpo, que se masturbara. Me decía que ya lo hacía desde los 15 años. ¿Cómo?, Le preguntaba. - Bueno, de varias formas. Algunas veces, me pongo un cojín entre las piernas, en otras, juego con objetos sobre mi clítoris, me tiro los pezones a más no poder. También, me divierto en la ducha, con mis dedos y el jabón, penetrándome. Son muchas maneras... ¿Cuál te gustó más? -Todas las anteriores-, le respondo, mientras nos reímos a carcajadas.
En un email, me preguntó, si yo me pajeaba. Le dije que sí, pero los detalles se los contaba en vivo y en directo.
De eso no pasó mucho tiempo, pues me lo preguntó varias veces. Le relaté: "Bueno... comienzo a pensar en cosas guarras, sin límites, sexo prohibido, con personas prohibidas, con imágenes que llegan a mi mente de recuerdos, pero las más excitantes son aquellas de cosas que quiero hacer y no he hecho. De toquetear a una compañera de trabajo. De pedirle a mi secretaria que se saque sus bragas y que se comience a tocar su coñito en la esquina de mi oficina, acercarme a su escritorio y que me abra la cremallera, saque mi polla y vea mi glande mojado, que lo comience a chupar, a saborear, que raspe sus dientes en mis testículos y sus ojos se llenen de deseo.
De decirle a Alicia (mi esposa), que se acerque y coquetee con el vecino o al un señor en el metro, que lo manosee encima de su jeans y que le enseñe sus tetas, y luego me cuente los detalles jugosos de cómo la penetraron, o sorprenderla llegando a casa, chupándole el pene a otro y yo escondido mirando todo aquello.
Me excito pensando en una mujer madura con jóvenes manoseándola. Esas imágenes hacen que mi pene quede muy erecto, que presione por salir de su atadura, de su camisa de fuerza y empiezo a tocarlo, a escuchar el ruido de su envoltura sobre su rojo y brillante glande. A veces me lo aprieto, lo desvío, lo muevo con fuerza, con quejidos, cierro los ojos... mmmmmm... ahhhh... pienso en ti!!!... luego me controlo, espero un rato y veo como sale el preseminal, como las gotas de ese líquido comienzan a lubricar más, mi pene y mi mano.
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