Aquella noche, él y su amante, me dijeron que me desnudara. Yo esta un poco más gorda, solo tenía 23 años. Me desnudé, y me dijeron que tenía unas buenas tetas, pero tenía muchos pelos en el coño. Así que para disfrutar te lo vamos a afeitar y disfrutarás más.
Me pusieron en la cama con las piernas abiertas y me colocaron un cojín debajo del culo. El amante de mi marido, llegó con unas pequeñas tijeras y los dos de pusieron cada uno de rodillas y vestidos al lado de mis piernas. Uno levantaba manojos de pelos y el otro lo iba cortando. Hummmm, que gusto iba teniendo.
Después mi marido se retiró y su amante seguía perfilando el corte de los pelos de mi coño.
Apareció mi marido ya desnudo con espuma de afeitar y una maquinilla, y muy suavemente con su mano me fue poniendo la crema por los pelos. Su amante se levantó y también se desnudó. Lo que más me extrañó es que el amante de mi marido tenía una gran polla, pues mi marido más viejo la tenía muy pequeña.
Los dos estaban rasurados, entonces José, el amante de mi marido cogió la maquinilla y con sumo cuidado, me fue rasurando y yo tuve un orgasmo, y me oriné. Ellos se rieron y me dieron un beso en los labios de mi coño. Después trajeron masaje para afeitar y me pusieron un poco, con mucho cuidado.
Entonces mi marido, se acercó a mí y me dijo:
- Tenías un gran coño, debajo de esos pelos, y tu vulva es más grande que mi polla. - Verás, como vas a disfrutar, con todo lo que los dos te enseñemos.
Entonces, José, empezó a pasarme las manos y cogiendo la mía me la puso en mi coño, y empezó a darle masajes y masajes, y cogió mi clítoris y empezó a sacudirlo de arriba a bajo de izquierda a derecha, que placer sentía...
Ya no podía más, iba a estallar de placer, y grité.
Entonces, me dijeron que ellos harían todo lo posible, para que yo disfrutase, y que nuestra vida amorosa sería de gran placer. Que José, me mantendría depilada, pues con los labios limpios, tendría más placer, y que me enseñarían más cosas.
Esa noche la pasé con los dos, dándome masajes y masturbándonos unos a otros.
El amante de mi marido, era un encanto, estaba pendiente siempre de mí, y apenas hacía yo nada, él estaba para darnos placer a mi marido y a mí. Jamás me hicieron daño, aunque mi marido es un poco fetichista y se inventaba unas cosas, que para que contar, tengo mil historias.
Aquel día me rasuró el coño, pero otro día me rasuró las axilas, y me llenaron de nata todo el cuerpo y los dos empezaron a lamer hasta llegar al coño que fue un orgasmo que estuvo fantástico.
Ellos también me iniciaron al sexo anal, y me rasuraron la cabeza, pero eso ya lo contaré en otro momento, si esta historia mía os ha gustado, espero que me lo digáis.
Yo me masturbo tan bién que apenas le echo de menos, pero los tres somos muy buenos amigos, aunque estemos separados.
Fuente: Marqueze
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