Relato erótico: Mi jefa me regala una noche de sexo en la oficina

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Su falda estaba subida hasta la cintura por lo que no dificultaba para nada mis movimientos. No la hice esperar demasiado, así que muy suavemente empecé a acariciarla por encima de su braguita. El primer contacto hizo que Elena pegara un brinco, quizás por la sorpresa, y noté cómo la prenda estaba completamente empapada de flujo. Comencé a deslizar un dedo arriba y abajo, tratando de adivinar los contornos de su sexo, y centrándome en el punto donde noté que se desarrollaba su clítoris.

Su cuerpo era un mar de movimientos, y no contento con ello, decidí avanzar un poco más en su estimulación. Me dejé caer entre sus piernas, no con cierta pena por abandonar momentáneamente esas tetas tan hermosas, y con su ayuda le quité la falda primero y su braguita después.

Su era bonito, lo tenía depilado casi completamente y sólo había dejado una pequeña sombra de vello en la parte superior; sus labios externos se abrían casi por completo y dejaban ver los internos, sonrosados y mucho más delicados; y en la parte superior destacaba un erguido y desafiante que aguardaba nuevas caricias.

Mi lengua se deslizaba por la parte externa de su sexo, iniciando una depredación sutil y precisa, para luego pasar a la parte interna, completamente anegada de líquido. Traté de ir introduciéndome poco a poco en su interior, recogiendo humedad ahí por donde pasaba, dejando en mi boca un sabor entre dulce y salado difícil de explicar.

Ella no paraba de moverse, trazando círculos con las caderas, al tiempo que sus manos se pellizcaban los pezones con fuerza, intensificándose poco a poco sus gemidos en fuerza y duración. Sus tetas apuntaban directamente al techo y permanecían tan compactas como cuando las había observado con ella sentada. Me pedía más y más, y estaba dispuesto a dárselo.

Saqué mi lengua de su interior y empecé a recorrer su clítoris con pequeñas lamidas cortas que iba alargando mientras mi dedo índice hacía una pequeña incursión en su interior. Mi lengua pasó más encharcada en su flujo. Se había corrido y había sido un orgasmo brutal, pequeñas convulsiones recorrían aún su cuerpo y su respiración entrecortada parecía poco a poco tranquilizarse.

Levanté mi cara completamente empapada de su néctar, pero con mi mano seguía sobando dulcemente su conejito alargando su sensación de bienestar. Los dos nos habíamos corrido, y seguíamos estando hambrientos el uno del otro.

Fuente: Marqueze

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4 Comentarios

    1. 21.10.2008 - 23:40h - Anonimo dijo:

      faltan trozos que se intuyen pero que no se sabe que dice

    2. 27.10.2008 - 15:22h - Anonimo dijo:

      simplemente asqueroso

    3. 28.10.2008 - 01:02h - marce dijo:

      le faltaron muchas cosa le falto un poco de mas imaginacion he leido mejores

    4. 28.10.2008 - 15:51h - Maria Eugenia dijo:

      El final quede plop, como si estuviera cortado le falto un final con mas gusto a final y no que me quede la sensación de lectura incompleta.

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