Me sorprendió algo en los primero instantes, pero me di cuenta, de que la sensación de exhibicionismo me producía un gran placer. Casi no sentí vergüenza, cuando al girarme, pude ver el rostro de mi desconocido, también deformado por el placer, y como detrás de su cuerpo, varios hombres, habían estado contemplando la escena, sin decir una sola palabra.
Mi desconocido dio unos pasos, se retiró de mi cuerpo, y haciendo ademanes para poder colocar aquel ya flácido, pero no por eso, menos pequeño pene, en el interior de su pantalón, roto, descosido, pero ideal para su cuerpo.
Mi traje de cuero, estaba totalmente desabrochado, casi pude ver como se rasgó por un costado, ante la impotencia de ser retirado de forma habitual, pero no me importó, seguí abrochándolo, sin dejar de mirar la fantástica sonrisa de mi desconocido, casi ya familiar. Noté las miradas de aprobación de aquellos camioneros cómplices de nuestro gocé, no hubo aplausos, ni abucheos, pero su tranquilidad, su pasividad, eran casi reconfortante. Mi mirada hacia ellos también fue cómplice, y de total aprobación.
Después de aclarar mi garganta con una copa de whisky, agarré la melena de mi desconocido, e introduje mientras lo besaba y le susurraba al oído, mi tarjeta personal, en uno de los bolsillos de su desabrochada camisa, deseando que aquel encuentro fuera el principio, de largas y extenuantes horas de placer. Salí del bar, tal y como había entrado, con mi casco bajo el brazo y desde fuera, nadie podía imaginar la experiencia vivida, la sensación de no sentir mi trasero, estaba como adormilado, aletargado, pero aliviado por el manantial de placer introducido.
Ni siquiera me había lavado, deseaba mantener ese olor a sexo, semen, sudor, alcohol, tabaco, y por supuesto cuero, hasta que me fuera posible, quería, deseaba seguir sintiéndolo. Subí a mi moto, coloqué mi casco en mi cabeza, y respiré fuertemente antes de arrancarla de una embestida brutal, dejando tras de mí, una hilera de humo y caucho quemado.
A fecha, jamás, y lo puedo decir alto y claro, nadie me ha follado de aquella manera, y cuando deseo recordarlo, ya que nunca supe más de mi desconocido, solo tenía que acercar a mi nariz, mi traje de cuero, rojo y negro, impregnado de aquellas sustancias eróticas, impregnado de mi sudor, de su sudor, de mis fluidos, de los suyos...
Relato erótico: "Una noche con mi marido y cinco más"
Relato Erótico: Una tarde de lo más húmeda
Relato erótico: "Sentía que mi clítoris iba a estallar"
Tendencias para subir la temperatura...¡Prendas 100% sexys!
Movie Star
Climbing for love
Manicure game
Net pet
03.07.2009 - 00:44h - lolis dijo: